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Vctor Alexandre
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Libros
Yo no soy españolYo no soy español
Un modo de afirmar "quien soy" es proclamar sin complejos "quien no soy". Bajo el título Yo no soy español, Víctor Alexandre plasma veinte conversaciones sobre cuestiones relacionadas con la identidad de los catalanes. [Más...]
El caso CarodEl caso Carod. Los detalles de la entrevista con ETA y sus consecuencias
Un domingo de enero de 2004, ETA se reunió con Josep-Lluís Carod-Rovira en los alrededores de Perpiñán. Unos días después, el 26 de enero, el encuentro salió a la luz a través de los titulares de un periódico. [Más...]
"La independencia explicada a mi hijo" Imprimeix Correu-e
Reseñas
per Luis María Martínez Garate   
dimecres, 24 desembre 2014
La independència explicada al meu fillEl autor, Víctor Alexandre, construye en este libro la ficción de un padre que explica a su hijo, en diálogo con él, los asuntos más relevantes concernientes al proceso iniciado en Cataluña hacia su independencia política con relación a España. Uno de sus mensajes centrales consiste en transmitir al chaval un pensamiento crítico. Un pensamiento propio, capaz de tamizar la enorme cantidad de datos que recibimos desde fuentes, dispares sí, pero siempre sesgadas por los intereses políticos a los que sirven. Ese conjunto de datos; aparentemente caótico, no constituye de por sí información. Eso es lo que debe procesar cada persona, de acuerdo con unos criterios propios adquiridos a lo largo de la vida, para constituirse en información. Tales criterios no serán inmutables, evolucionarán con la persona y dependerán de su madurez, pero siempre deberán ser propios.

El último trabajo de Alexandre es un trabajo didáctico. Su objetivo es figurar cómo un padre puede transmitir a un hijo casi adolescente, de trece años, pautas que le sirvan de ayuda para conformar tanto su identidad personal como colectiva -cuestiones no separables con facilidad-, con criterios propios.

El arraigo social de una persona comienza desde que nace, algunos dirán que incluso desde que el feto oye las voces de su entorno o la música que suena en su alrededor. La primera lengua que escucha y aprende ya inicia ese proceso. La infancia es una etapa decisiva, y la familia y las amistades su principal medio transmisor. Según va creciendo, su mundo de relaciones se amplía y recibe multitud de datos de los medios de comunicación, de su escuela, de sus amigos, de los padres de sus amigos, cúmulo que sigue aumentando a lo largo de toda su vida.

La evolución de la persona, la construcción de su personalidad, genera conflictos que debe resolver, en lo posible, de modo positivo. Estos conflictos se centran normalmente sobre identidades: sexual, de estatus social y económico, de pertenencia, etc. Cuando una nación disfruta de un Estado que le es favorable, que "nacionaliza" a sus ciudadanos de modo positivo, que favorece su lengua y cultura propias, que presenta su memoria histórica y su relato de modo centrado, se genera en la persona eso que se ha llamado "nacionalismo banal" (Billig, 1998) y que supone su adhesión acrítica a la nación en que la ha nacido y sido educado. Los conflictos derivados de la pertenencia nacional son de poca importancia.

Por el contrario, surge un conflicto cuando el niño crece en una sociedad en la que su lengua y cultura, habituales en el medio familiar y de amistades, son perseguidas, cuestionadas o deformadas desde las instancias –sistema educativo, medios de comunicación etc.- en las que se manifiesta la "autoridad" de un Estado adverso. Son estos entornos –familia, amistades- los que deben apoyar el desarrollo de su personalidad para que, en su evolución, adquiera la capacidad crítica necesaria para discriminar los mensajes que tienden a asimilarle a la nación dominante (nacionalismo banal) de los que son capaces de integrarlo en una visión del mundo en la que el centro sea su propia nación, su propia lengua y cultura. Abierta al resto de lenguas, cultura y naciones, por supuesto, pero anclada en las suyas.

Esto sucede entre nosotros, en Vasconia, donde la lengua, la cultura, la historia, la memoria han sido y siguen siendo ocultadas, perseguidas o tergiversadas desde las estructuras de las naciones dominantes: España y Francia. En los Países Catalanes ocurre lo mismo, sólo que con variantes distintas según el territorio de los mismos del que se trate.

Hoy está en marcha un potente movimiento en pro de la independencia del Principado de Cataluña, el País que dentro del conjunto catalanoparlante, de la nación catalana, ha logrado mantener una conciencia más profunda de su personalidad y sus exigencias lingüísticas y sociales y, por lo mismo una mayor capacidad de movilización. Este proceso se mueve a contracorriente de lo que es "políticamente correcto" en el Estado español, va en contra del ya citado varias veces "nacionalismo banal". Pero es un movimiento de gran fuerza y que ha movilizado en varias ocasiones a cientos de miles de personas; bastante más de un millón en las dos últimas diades de 2013 y 2014.

La edad en la que Víctor Alexandre ubica a "su hijo", 13 años, ya le supone una capacidad de razonamiento y crítica intelectual casi adultos. Aunque le falten por desarrollar determinados aspectos emocionales, algunos de los mismos, como el sentido de pertenencia, están ya muy desarrollados. Y aquí está el núcleo de su trabajo: un padre explica a su hijo el porqué de la independencia. Los motivos que conducen a su necesidad y la crítica de las posiciones –conservadoras- que se oponen a ella. Los capítulos van desarrollando los diversos asuntos. Identidad, países catalanes, historia, lengua, economía, deportes, democracia, dependencia, nacionalismo y libertad son sus diferentes secciones.

Alexandre se esfuerza, y según mi opinión lo logra, en expresarse en un lenguaje sencillo, asequible a la edad de "su hijo", con ejemplos muy cercanos al mundo de la adolescencia, como es el de los deportes. Se nota que es un trabajo didáctico dedicado más a padres y educadores que a los propios niños. Un gran mérito de Víctor.

Quien escribe este comentario no tiene hijos, pero cree conocer el mundo de quienes los han tenido lo suficiente como para pensar que se trata de una obra oportuna y de gran interés y ayuda para transmitir a esa juventud incipiente la autoestima y asertividad necesarias para hacer frente a las distorsiones y ocultamientos de los sistemas sociales mayoritarios en los estados que nos dominan a ambas naciones. Considero que es un trabajo altamente recomendable para todos los que tienen puesta sus miradas y anhelos en la próxima independencia del Principado de Cataluña. Enhorabona, Víctor! Zorionak!

Luis María Martínez Garate
Nabarralde , 28/10/2014
 
"Set dones i un home sol" Imprimeix Correu-e
Reseñas
per Luis Martínez Gárate   
dissabte, 11 abril 2009
Luis Martínez Gárate
Luis Martínez Gárate
Cuando un buen amigo publica un libro, siempre se lee con interés. Cuando has seguido su trayectoria como autor, tanto sobre asuntos políticos como en el género estrictamente literario y te gusta lo que ha hecho, el interés crece. Si, además, el autor recibe un premio de la categoría del Mercè Rodoreda, como es el caso de Víctor Alexandre en 2008, tienes verdadero afán por comenzar su lectura. Y si, una vez iniciada, te atrapa y te sientes incorporado al mundo que recrea, apenas tienes tiempo, una vez iniciada, de abandonarla hasta terminar.

Esto es lo que me ha sucedido con la última creación de Víctor Alexandre, Set dones i un home sol que, dicho en español, sería "Siete mujeres y un hombre solo". Antes de su lectura conocía, desde una perspectiva general, el planteamiento del libro; la circunstancia que provoca su desarrollo. Lo que motivaba todavía más mi interés. Resumiendo mucho, la situación que plantea se centra sobre un hombre que ha entrado en coma tras recibir un golpe en accidente de tráfico acaecido al salir del cine tras ver una película. En el hospital al que es conducido, se congregan siete mujeres que han participado, de un modo u otro, con mayor o menor intensidad, en la vida de Ricard, que es el nombre del protagonista.

Se van desgranando, en secuencia, monólogos, soliloquios, reflexiones, ensoñaciones de estas siete mujeres. Desde la que ha provocado el accidente por atropellar a Ricard en un paso de cebra, hasta su última ex-pareja, pasando por su madre, su primera mujer, su hija, una enfermera de cierta edad... En todas y cada una encontramos su propia vida en todo su vértigo. ¿Siempre en relación con Ricard? ¡Qué va! Todas parten de su vínculo con él, pero las asociaciones y dispersiones de la mente les llevan por derroteros insospechados en un principio, hasta el borde de abismos tal vez nunca explícitos con tanta crudeza por ellas mismas. Este es, desde mi punto de vista uno de los principales aciertos del libro: el dar a cada una de las mujeres que aparecen una personalidad propia, bien definida y perfectamente verosímil.

No soy mujer y me resulta difícil juzgar los aciertos o errores de Víctor Alexandre al ponerse dentro de la piel (y de la mente, que creo que es más difícil) de siete mujeres tan diferentes y, en varios casos, lejanas entre sí. No sé como llamarlo, ya que al ser hombre su autor no se puede hablar con propiedad de "ejercicio de introspección". ¿O sí? Todos los humanos tenemos nuestros aspectos femenino y masculino en distintas proporciones. La preponderancia de uno u otro puede tener causas genéticas, hormonales, culturales o de educación, o mejor, de todas en conjunto, pero no existe una persona 100% "femenina" o 100% "masculina". En tal sentido creo que esta obra, sin ser autobiográfica, puede constituir un importante ejercicio de observación, de empatía y, ¿por qué no?, de introspección en la variante femenina de nuestra especie. Desde mi punto de vista, el planteamiento del libro es original y muy bueno. Su desarrollo, de un suspense matizado, pero que mantiene un interés creciente. Su resolución, muy lograda.

Mis reducidos conocimientos de la lengua catalana me impiden hacer, con fundamento, un comentario de estilo y, menos aún, una crítica literaria de la obra. Tengo que limitarme a decir lo que he sentido al leerlo: ha sido una lectura fluida y agradable, lo que es signo de amenidad e interés.

Este comentario está hecho en español y, fundamentalmente, para lectores vascos, lejanos por lo mismo al hecho lingüístico catalán. No sé si el éxito que de todo corazón deseo al libro de Víctor y que pienso se lo merece, hará posibles traducciones al euskera o al español, o mejor a ambos. Si así fuera, recomiendo su lectura. Animo también a aquellas personas que tengan ciertos conocimientos de catalán a enfrentarse al mismo. Con un buen libro, como es éste, tranquilidad y un diccionario a mano, el disfrute está garantizado.

Luis Martínez Gárate
Nabarra , 26/3/2009
 
La decadencia de Cataluña Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dilluns, 29 desembre 2008
Antígona, de Jordi CocaEs duro tener que reconocerlo, pero es cierto: Cataluña se encuentra en franca decadencia. Políticamente maniatada, económicamente ahogada y culturalmente minorizada, Cataluña es hoy una nación pirandelliana en busca de un autor que se haga cargo del naufragio existencial que padece. Hemos llegado a un punto en que ya no sabemos quienes somos, y quien no tiene conciencia de su identidad tampoco tiene conciencia de sus derechos. Nos hemos creído que había sabiduría en nuestro viejo refrán según el cual "qui dia passa any empeny" (mañana será otro día), pero sólo hay individualismo y desistimiento de responsabilidades. Ya lo decía el etnólogo Josep M. Batista i Roca que los catalanes somos egoístas, con ideales caseros y carentes de espíritu de mando. Se diría que es tan poca la fe que tenemos en nosotros mismos y tan grande el miedo a perder la parcela de bienestar material de que disfrutamos que el más mínimo gesto de afirmación, por parte de uno de los nuestros, nos parece una reprobable provocación. Por eso nos pasa desapercibida la candidez letal que supone hacer un axioma del clásico "ir tirando" cuando se es cautivo. No nos damos cuenta de que un cautivo sin más horizonte que la cuenta indolente de los días es cada día más cautivo. Y Cataluña es un pueblo cautivo. Pero no de España –nadie es cautivo de nadie mientras mantiene nítida la conciencia de su yo–, sino de sí misma.

Cataluña, como la Tebas bajo el reinado de Creonte en Antígona, está atenazada por el miedo y el miedo la hace vulnerable y sumisa. Aquí, como allí, también el poder compra el silencio de los pensadores agradecidos y los empuja a hacer-nos creer que la conformidad, la mansedumbre y la resignación son valores genuinamente catalanes que hay que preservar. Aquí, como allí, sobresalen los Tiresias, paradigma de intelectual prestigioso vencido por la cobardía, y también se prodigan las Ismenes, modelo de ciudadana temerosa y obediente. El primero, que podría ejercer su influencia contra la opresión, termina por inhibirse, y la segunda, que podría rebelarse, pide prudencia, comedimiento y moderación. "Supliquemos", dice Ismene, "busquemos el camino que nos sea más llano". Ismene, como muchos catalanes, cree que hay que hacer pedagogía en casa del tirano, cree que hay que explicarse ante él para que las buenas palabras le ablanden la actitud como el jarabe ablanda la garganta. Dice que ama Antígona, sí, pero la abandona, y con su prudencia se convierte en traidora. No quiere escuchar a su hermana cuando le dice: "¿Que no ves los ojos atemorizados de los que le son más próximos? Si suplicas ante él le harás todavía más duro, más fuerte, y le regalas la ocasión de mostrar a la ciudad que él, Creonte, no se detiene ante nada ni nadie. Quiere demostrar su poder ante nosotros, quiere que seamos dóciles como los perros que acaricia cuando le apetece. Si tu y yo callamos, callará todo el mundo".

Exquisita, esta Antígona de Jordi Coca que, poco antes de morir, se dirige a Tiresias y le reprocha: "Tú también has callado bien pronto. [...] ¿Qué te pasa, también tienes miedo? [...] Los que nos podríais ayudar, enseguida os volvéis pequeños y cobardes. Sólo nos dices que no hay cambio posible porque las cosas son como son... ¡Cuanta mentira hay en lo que dices y en lo que callas...!" Y concluye: "Ahora él [Creonte] cree que es la ciudad. Y tú te crees un hombre sabio porque delante de él mides más de lo necesario tu lengua... Me mata su decreto, y me matas tú callando". Pues sí, Cataluña es rica en Tiresias y pobre en Antígonas porque los gestores del día a día –aquellos a quienes Lluís Llach pedía que no abaratasen el sueño- han invertido la dignidad de arriba abajo hasta a hacer de ella un defecto. En sus manos, la dignidad se ha convertido en una patología propia de dementes. Pero la decadencia de Cataluña es en parte obra suya, porque son ellos quienes con su silencio, con su miedo revestido de prudencia y con su claudicación disfrazada de realismo, han dejado este país en vía muerta. "Nos dirán que hace falta esperar", cantaba Llach en 1978 sin sospechar que algunos de aquellos compañeros que le aplaudían harían de esta espera una profesión. Y es irónico, aunque triste, que treinta años después todavía sea necesario cantar "no es esto, compañeros, no es esto" y denunciar "el comercio que se hace con nuestros derechos, derechos que son, que no hacen ni deshacen, nuevos barrotes bajo forma de leyes".

Hay que ser muy insensible para no apercibirse de la decadencia de Cataluña. Basta con ver la progresiva degradación de la lengua catalana que los medios de comunicación públicos y buena parte de los privados, con la connivencia de algunos filólogos, están convirtiendo en una jerga llamada catañol. Así, casi sin darnos cuenta, deberemos admitir que la lengua catalana, como toda energía, no habrá desaparecido sino que se habrá transformado: se habrá transformado en un dialecto del español. Pero la decadencia de Cataluña no es sólo lingüística. Nuestra decadencia es también política, económica y social. La poca política catalana que teníamos se ha transformado en política española, nuestra renta continua cayendo espectacularmente hasta situarse por detrás de Melilla y nuestras infraestructuras están obsoletas por culpa del expolio fiscal. Y lo peor de todo es el efecto psicológico que este estado de cosas tiene sobre nosotros. Hay un gran sentimiento de frustración y la gente mira desconcertada a su alrededor preguntándose dónde están los líderes que iban a devolver la dignidad a esta vieja nación de Europa. Pero no hay líderes. Antígona, al menos, se enfrentaba a Creonte y le decía: "Te acuso de hacer de esta ciudad una ciudad muerta, sin voz ni voluntad". Cataluña, en cambio, no puede acusar a nadie porque los Creontes que la dominan son más astutos que el Creonte de Sófocles.

No obstante, yo soy optimista y coincido con el historiador Jaume Vicens i Vives cuando decía que la vida de Cataluña es un acto de afirmación continuada y que su móvil es la voluntad de ser. Ya sé que el desconcierto actual parece contradecir esta aseveración, pero hay que entender que el país se encuentra inmerso en un proceso de maduración política y la confusión que lo acompaña es una parte. Después, por suerte, ya no habrá camino de retorno y de nuestra subordinación a España sólo quedará un triste recuerdo. Convendría, por lo tanto, que no perdiésemos de vista a la gente joven felizmente liberada del miedo patológico de sus progenitores, ya que será ella quien nos enseñará que la única manera de cambiar una realidad adversa es imaginando otra mejor. Antígona muere, sí, pero es un joven quien intenta salvarla, y su presencia simboliza la esperanza. Así lo expresa ella a Creonte cuando le dice: "El hombre también muere cuando deja de ser hombre y hace que todo dependa del miedo. [...] Te he desobedecido, me he plantado ante tu edicto [...] y te lo digo aquí, ante este joven ahora silencioso que vivirá más que tú y que yo, para que la memoria de lo que ahora hablamos dure más que nosotros".

Pues bien, si queremos que este proceso de maduración sea rápido, debemos hacer que el mensaje de nuestros medios de comunicación sea abiertamente catalanocéntrico (o vascocéntrico en Euskal Herria). Avanzaremos cuando comprendamos que el secreto de nuestra libertad se encuentra en el mensaje, porque el mensaje incide en el pensamiento, el pensamiento incide en la acción y la acción incide en la historia.

Lletres , núm. 36, desembre-2008/gener-2009 (català)
Berria , 21/11/2008 (euskara)
Nabarralde , 21/11/2008 (español)
 
Euskal Herria, ¿ahora o cuándo? Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
diumenge, 28 setembre 2008
Juan José IbarretxeNo sé si el lehendakari Juan José Ibarretxe es consciente de la fatiga que puede generar en el pueblo vasco la estrategia que está siguiendo con el anuncio del referéndum, un referéndum que en realidad no lo es y que, además, no se va a celebrar. Y no lo digo porqué esté en desacuerdo –al contrario, me parece bien a pesar de su excesiva timidez–, sino porqué lo veo carente de la audacia necesaria que un gesto afirmativo como éste requiere. Está bien que el lehendakari suba uno a uno los escalones fijados por la legalidad española, aunque sólo sea para poner en evidencia el escandaloso déficit democrático de sus estructuras, pero no se entiende que cuando está a punto de llegar arriba dé media vuelta y baje precipitadamente.

La decisión de celebrar una consulta para saber cómo quiere articularse políticamente el pueblo vasco –sólo una parte de ese pueblo, desgraciadamente– es interesante con el fin de dejar en fuera de juego al nacionalismo español que con tanta vehemencia encarnan el Partido Popular y el Partido Socialista de Euskadi, pero toda la fuerza de esa consulta se evapora si no hay voluntad de llevarla a cabo. El aviso de que viene el lobo sólo funciona cuando hay lobo. Y José Luis Rodríguez Zapatero sabe que no lo hay. Zapatero sabe que Ibarretxe es un político extraordinariamente disciplinado con la legalidad vigente, por injusta que sea, y no le teme porqué es previsible; y todo aquél que es previsible es débil.

Es cierto que España, siempre tan preocupada por impedir la internacionalización de sus conflictos coloniales, se siente incomoda ante la posibilidad de verse en el banco de los acusados del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, pero esta medida, que es larga y pesada, tardará años en dar algún resultado y no debería ser la única baza de Ibarretxe. Recordemos, por ejemplo, que la sentencia con que Estrasburgo condenó a España por negarse a investigar las torturas inflingidas a quince independentistas catalanes detenidos en el año 1992, en el marco de la llamada operación Garzón, no llegó hasta el 2004. ¡Doce años después! Y lo mismo sucederá, probablemente, con la denuncia actual de Martxelo Otamendi por las torturas que sufrió en el año 2003. La trampa legal, huelga decirlo, no es que la maquinaria judicial sea lenta, que lo es de solemnidad, sino que no permite pasar a instancias europeas sin haber cumplimentado antes las del Estado denunciado. Y ese Estado, como es lógico, ya se preocupa de retardar el proceso interponiendo recursos y agotando todos los plazos. Cosa que significa que el plan B de Ibarretxe –porque no tenía ningún otro plan, ¿verdad?– no dará algún fruto hasta el año 2020. Es decir, cuando él tendrá 63 años y probablemente ya estará retirado de la política activa. Mientras tanto, un grupo de doce españoles, –también conocidos como Tribunal Constitucional–, continuaran reuniéndose en un despacho de Madrid para convertir en humo las decisiones soberanas del pueblo vasco y de su Parlamento.

IkurriñaAnte este panorama, es comprensible que la izquierda abertzale se muestre reticente a la estrategia de Juan José Ibarretxe; una estrategia que, en el mejor de los casos, se prevé tan lenta como incierta. Cabe decir, sin embargo, que no es necesario ser de izquierdas para mostrarse reticente. Basta con ser vascocéntrico. Una persona vascocéntrica no anhela que su país sea libre en el año 3.000, una persona vascocéntrica quiere ser contemporánea de esa libertad. La quiere vivir, la quiere disfrutar, la quiere saborear día a día ahora mismo, con las mismas ventajas e inconvenientes con que afronta el reto cotidiano de su libertad individual. Por ello es normal que se exaspere ante la confirmación de aquello que ya preveía. Más que nada porqué hay momentos en la vida que requieren audacia, especialmente aquellos en los que está en juego la libertad individual o colectiva. Prohibir un referéndum en un Estado que se precia de ser democrático es de una gravedad extrema, ya que supone la criminalización del derecho a preguntar. Y sólo aquél que teme el pensamiento de los demás es capaz de criminalizar ese derecho, que es justo lo que hace España: criminaliza la consulta para que la respuesta, que prevé contraria a sus intereses, no sea tenida en cuenta por las instancias internacionales. Si no hay pregunta, no hay respuesta, y si no hay respuesta todo continua igual. El amo también prohíbe que los esclavos se pregunten si quieren ser libres. Es un criminal el esclavo que pregunta y lo es también el esclavo que responde. El amo, por lo tanto, puede dormir tranquilo. Por eso estaría bien que Ibarretxe se planteara ir más allá a fin de poner en jaque al gobierno español. No hay ninguna otra manera de hacer que el mundo avance que infringiendo las leyes que son injustas, y, para hacerlo, hay que estar dispuesto a llegar hasta el final. Y eso significa fijar una fecha, invitar a observadores internacionales y dejar pacíficamente que España se ponga en evidencia interponiendo la fuerza a las urnas. Se trata, en suma, de usar la fuerza española en beneficio propio por medio de unas imágenes que darán la vuelta al mundo. Todo lo demás es un derroche inútil de energía y de tiempo, y el tiempo siempre juega a favor de España.

Otra cosa es el rédito electoral que el rechazo español a la propuesta de Ibarretxe pueda dar al PNV y que probablemente ha sido estudiado a fondo, pero me pregunto si ganar unas elecciones cada cuatro años y continuar como hasta ahora es la aspiración de un vasco consciente de sus derechos. Yo, a esta situación de callejón sin salida, sólo le veo un aspecto positivo, y es que se convierta en un revulsivo que empuje a los vascos a darse cuenta de que dentro del Estado español nunca serán nada ni nadie. El futuro de Euskal Herria, su único futuro, si verdaderamente desea tenerlo, se encuentra al otro lado de los muros de la prisión constitucional española. Es decir, fuera de España.

e-notícies , 21/9/2008 y 25/9/2008 (català)
Berria , 21/9/2008 (euskara)
Nabarralde , 22/9/2008 (español)
 
Incidente lingüístico en Crevillent Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
diumenge, 15 juny 2008
Incident lingüístic a CrevillentSoy consciente de que los paralelismos entre el catalán y el euskera, en calidad de lenguas minorizadas, requieren ciertas matizaciones. Quiero decir que aunque son lenguas que luchan por sobrevivir frente el empeño secular español de hacerlas desaparecer, su propia idiosincrasia las lleva a vivir situaciones que no son extrapolables de una a otra. Una de esas diferencias, por ejemplo, es la que afecta al conocimiento que la población catalana y la población vasca tienen de la lengua propia del territorio. Por ejemplo, mientras la inmensa mayoría de los hispanohablantes que viven en los Países Catalanes –sobretodo en Catalunya- entienden perfectamente el catalán aunque no lo usen, no ocurre lo mismo con los hispanohablantes que viven en Euskal Herria. Ello se debe a que la distancia genealógica entre el euskera y el español exige de los hispanohablantes un esfuerzo suplementario que no se da en el caso del catalán. En otras palabras: es muy habitual encontrar personas vascas que no entiendan el euskera, pero es infrecuente encontrar residentes en los Países Catalanes que no entiendan el catalán. Digo esto para que, de acuerdo con la anécdota que voy a relatar, el lector tenga en cuenta las diferencias a la hora de imaginarse la situación en una población vasca y concentre los paralelismos en la reivindicación del derecho de todo ser humano a usar su lengua en su propio país.

Ocurrió el pasado 30 de mayo en el Hotel Las Palmeras de Crevillent, una población del País Valenciano a la cual me había desplazado para presentar mi libro Nosaltres, els catalans invitado por una entidad local. Al día siguiente bajé a desayunar al bar del hotel y pedí 'un cafè amb llet' (un café con leche) a la única camarera que había en la barra, una joven de Rumanía que, según supe después, lleva años viviendo en Crevillent.

- Un cafè amb llet, si us plau. (Un café con leche, por favor.)
- ¿Cómo?
- Un cafè amb llet.
- Será un café con leche –poniendo énfasis en les palabras 'con leche'.
- És el que he dit: un cafè amb llet. (Es lo que he dicho: un café con leche.)
- A mí me habla en español.
- És una ordre? (¿Es una orden?)
- A mí me habla en español.
- No, jo parlo en català. (No, yo hablo en catalán.)
- No le entiendo y no tengo porque hablar catalán.
- Aleshores, si no m'entén, com és que respon tot el que dic? (Entonces, si no me entiende, ¿cómo es que contesta a todo cuanto le digo?)
- Usted tiene la obligación de hablar español porque estamos en España.

Cuando nuestro interlocutor dice esta frase –que es el recurso de la impotencia- es el momento de marchar, porque ya hemos ganado. Todo españolista tiene siempre esta frase en la cabeza, aunque no la utiliza hasta que se siente contra las cuerdas. Yo no me fui porque, aunque mi interlocutora no dejó de descalificarme, terminó por servirme el café con leche. El problema es que en el bar –que no es sólo para los clientes del hotel– había media docena de personas más, todas españolas, incluida una pareja de la Guardia Civil, y todas reaccionaron contra mí. Primero lo hizo un hombre que había a mi lado diciéndome que "Estamos en España" y que yo tenia la obligación de hablar en español porque el catalán, el vasco y el gallego sólo son oficiales en sus 'comunidades'. Le respondí que estábamos en Crevillent y que, al hablar en catalán estaba hablando la lengua de Crevillent. Entonces se vio obligado a recorrer a los despropósitos: que la lengua de Crevillent es el español, que el catalán es una lengua distinta del valenciano y que el nombre de Crevillent es Crevillente.

Fue un café con leche muy accidentado, el mío, porque la camarera, buscando con la mirada la complicidad de los guardias civiles, me decía: "Hablar en español es una cuestión de educación y usted no tiene educación". Naturalmente, tuve que decirle que la única persona carente de educación era ella por negarse a entender –me bastaba con que me entendiera– la lengua del país en el que vive. Entonces, acercándoseme por encima de la barra, me dijo: "Váyase usted a la mierda". Por suerte, los insultos me dejan frío. Pienso que son la expresión de la impotencia y ésta es siempre un espectáculo lamentable. Eso no significa que yo no estuviera nervioso, claro que lo estaba. Mi tren a Barcelona salía de Alacant dentro de una hora y media y si los guardias civiles querían hacerme la pascua no había duda que lo perdería. Finalmente, como era de esperar, intervinieron. Y lo hicieron diciéndome que tenía la obligación de hablar en español. Yo, sin embargo, les respondí que no, que no tenía esa obligación porque estaba en mi país y la lengua que hablaba era oficial en el País Valenciano. També les recordé el articulo 14 de su Constitución, que dice que nadie puede ser discriminado por razón de nacimiento. Después se sumó el guardia jurado del hotel, que se creía que me insultaba llamándome "charnego" media docena de veces, lo cual me obligó a responderle que sus palabras eran indicativas de racismo. Pero no me escuchaba. También se añadió su compañero, que justo entonces entraba para relevarle, y me dijo que los racistas somos los catalanes. Es evidente que no tenía ningún sentido perder más el tiempo en aquella discusión y volví a la habitación, cogí la maleta y me fui. Fue una situación muy desagradable aquella, porque nada habría sucedido si yo, en lugar de hablar en catalán, lo hubiese hecho en francés o en alemán, por ejemplo. En ese caso, la camarera habría hecho lo imposible por entender el significado de 'café au lait' o 'kaffee mit Milch'. Todo ello me recordó el comentario de uno de los asistentes a la presentación del libro, la noche anterior, cuando aludió al hecho de sentirse extranjero en su propio país a causa de conflictos como éste.

Sobre el hecho que acabo de relatar, sin embargo, quisiera destacar tres cosas: que hablé en todo momento en catalán, lo cual demuestra que me entendían perfectamente, que los guardias civiles se comportaron con más corrección que los guardias jurados y la camarera, y que, aunque la procesión iba por dentro y que ellos eran seis y yo sólo uno, salí bien parado gracias a mis convicciones. Les transmitía tanta seguridad en lo que decía –incluso cuando informaba a los guardias civiles que era catalán y no español– que se desconcertaron. De ahí que, a pesar de tratarse de un episodio lamentable, me fuese contento al darme cuenta que lo que me salvó fue la serenidad que transmite la naturalidad. Ellos odiaban mi país y mi lengua, pero yo me defendía con tal convencimiento que se desconcertaron. Si, en cambio, me hubiese mostrado vacilante o intimidado, ellos se habrían envalentonado y ésta seria ahora la crónica de un fracaso. Por eso les estoy agradecido, porque me enseñaron que pocas cosas inspiran tanto respeto como el respeto que una persona siente por sí misma.

e-notícies , 12/6/2008 (català)
Berria , 15/6/2008 (euskara)
Nabarralde , 16/6/2008 (español)
 
La nueva Catalunya Imprimeix Correu-e
Reseñas
per Luis Martínez Gárate   
dissabte, 24 maig 2008
Luis Martínez Gárate
Luis Martínez Gárate
Víctor Alexandre, escritor y periodista catalán, llegó a convertirse en un buen amigo gracias a que una tercera persona, también amigo, me obsequió en el año 2000 con un ejemplar de Jo no sóc espanyol (1999). Leí las entrevistas del libro de un tirón y me quedé "enganchado" con su autor. En una entrevista parece que el elemento fundamental es la persona entrevistada, pero si quien la realiza es alguien con criterio y además, como es el caso de Víctor, brillante y buen escritor, el éxito se lo llevan prácticamente a un 50%. Posteriormente, en 2003, se tradujo al español como Yo no soy español.
 
Me propuse conocer al autor de una obra tan interesante, seria, comprometida y con un título tan provocativo. A través de su editorial, Proa–Enciclopèdia Catalana, lo conseguí fácilmente. A partir de este momento nuestra relación ha sido fluida y se ha convertido en una buena amistad. He seguido con gran interés sus siguientes títulos: Despullant Espanya (2001), Despullats (2003), Senyor President (2004), El cas Carod (2004, también traducido al español) y TV3 a traïció (2006), entre otros. Cuando publicó La paraula contra el mur (2006) consideré que su tema sobrepasaba el interés estricto de los Países Catalanes y podía ser útil como instrumento dialéctico en cualquier otro país sometido al nacionalismo español, como lo es Vasconia. A través de Nabarralde y la editorial Pamiela hicimos posible su traducción al euskera y hoy se puede leer: Hitza hormaren kontra (Pamiela, 2007).
 
Nosaltres, els catalansAcaba de aparecer una nueva obra de Víctor y con un formato similar al de Jo no sóc espanyol, es decir un libro de entrevistas. Se trata de Nosaltres, els catalans ("Nosotros, los catalanes", Pòrtic 2008). El trabajo consiste en veinte entrevistas a personas que tienen una característica común y es no ser de origen catalán, ser lo que se llama comúnmente "emigrantes", inmigrantes desde el punto de vista catalán. Es un texto fascinante al que se le puede aplicar el mismo criterio que a Jo no sóc espanyol y las aportaciones del entrevistador son equiparables a las de los entrevistados, si no más en algunas ocasiones.
 
Para empezar, el título de la última obra de Víctor merece un comentario. Tiene mucha miga que una obra que se dedica en su totalidad a recoger opiniones y puntos de vista de personas no nacidas en Catalunya y procedentes de otras culturas tenga un título similar a la que Joan Fuster escribió en 1962: Nosaltres, els valencians. La obra de Fuster es una reflexión profunda sobre el País Valenciano, sobre su historia, su entramado social en la época en que fue escrito y sus perspectivas de futuro; en su obra Fuster trata, en resumen, de sacar a la luz las características propias (lengua, cultura, usos etc.) de Valencia y sus pobladores. En otros tiempos se hubiera dicho su "esencia". Hace falta, por parte de Víctor, valor y confianza en sí mismo y en el propio país para utilizar un modelo semejante en el título de su libro.
 
Víctor Alexandre parte de un hecho real e irreversible como lo es la masiva inmigración recibida por los Países Catalanes en los últimos sesenta años. Primero fueron migraciones desde España, hoy lo son de todas las partes del planeta. 
 
La sociedad catalana es abierta, con una cultural social y democrática fuerte y, salvo casos extremos de ghettos o bolsas de inmigrantes aislados, consigue el milagro de integrar en su ámbito lingüístico y cultural a muchos de los "nouvinguts", de los recién venidos. La seña de identidad que (auto)define con más consistencia a la sociedad catalana es el uso de lengua. Es decir que cuando un "nouvingut" habla catalán y lo utiliza en sus relaciones cotidianas se considera, por parte de la sociedad de acogida, como "propio". 
 
En teoría lo dicho resulta muy bonito, pero terriblemente inocente. En los niveles de inmigración en que nos movemos, pretender que una nación no normalizada, un país sin ese instrumento fundamental de integración y cohesión que es el Estado, pueda lograr resultados de éxito resulta bastante utópico. No obstante el reto que se plantea Víctor es explicar cómo una sociedad cívica fuerte (como lo es la catalana) puede acceder a logros importantes en el campo de la integración aun sin disfrutar de Estado propio. 
 
Las entrevistas son variopintas en todos los sentidos. Hay personas de todos los continentes, con inclusión de Australia, son hombres y mujeres a mitades (diez y diez). Hay una gran variedad de trabajos y profesiones y el abanico de edades es también muy amplio. También son diversos los lugares en que viven los entrevistados: el Principado, las Baleares, el País Valenciano y el Rosellón, es decir todos los territorios de lengua catalana salvo la aragonesa "Franja de Poniente" y Alghero en Cerdeña. Todos presentan un elemento común: el haber aceptado a los Países Catalanes como su nación adoptiva, el catalán como su idioma de vida y la cultura catalana como un referente básico. 
 
Yo había leído antes el libro de Patrícia Gabancho El preu de ser catalans ("El precio de ser catalanes", Barcelona 2007) y me había sorprendido su conocimiento de la sociedad catalana, de su lengua y cultura, tratándose sobre todo de una persona argentina de nacimiento y formación. Su opción, tratándose de alguien hispanohablante, no es desgraciadamente tan habitual y su caso es excepcional por el nivel de implicación que manifiesta. La entrevista con Patrícia Gabancho rompe el hielo en el libro de Víctor. Es una entrevista magnífica, tal vez la más potente del libro.
 
Los retos que plantea Víctor a todos los entrevistados siempre se refieren a su origen, a su trabajo y a su opción vital en Cataluña. No todas las entrevistas tiene el mismo nivel ni el mismo interés; supongo que la posición y las expectativas del lector influirán mucho en la valoración de los resultados individuales. En cualquier caso ofrecen una información muy valiosa sobre la situación y los conflictos de sus países de origen (distintos países africanos, Irlanda, Sudáfrica, Irak, Palestina, etc.) 
 
Los caminos por los que discurre el devenir de nuestro mundo, con las migraciones como fenómeno cotidiano y cada vez más amplio, así como la situación de los Países Catalanes como "nación sin Estado" obligan a que sea la propia sociedad cívica la que tome sobre sus hombros responsabilidades que en las naciones "normales" son realizadas por el Estado. La catalana se muestra como una sociedad bastante fuerte, aunque con importantes carencias de autoestima. Así se percibe, por lo menos a través de las opiniones de los entrevistados. Le falta, como a la nuestra, la vasco-navarra, ese plus que supone la capacidad de concretar una estrategia válida hacia la independencia. Ambas adolecen de un planteamiento político que acierte en el meollo de la cuestión y sea capaz de movilizar coordinadamente sus fuerzas respectivas (que son muchas en ambas situaciones) de manera efectiva en el logro de su Estado propio en Europa y en el mundo. 
 
Estos "nouvinguts" que se integran en la cultura catalana, que adoptan como suya su lengua y que asumen su trayectoria y memoria histórica, forman parte fundamental de los Países Catalanes del presente y del futuro; de ahí el título de la obra: Nosaltres, els catalans.

Luis Martínez Gárate
Nabarra , 24/4/2008
 
La satanización de la disidencia Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
diumenge, 27 abril 2008
Joan Carretero y Rut Carandell
Joan Carretero y Rut Carandell
Las consecuencias de la lucha que se ha desatado en el seno de Esquerra Republicana de Catalunya no se sabrán hasta la celebración del Congreso Nacional del próximo mes de junio, pero, mientras tanto, asistiremos a todo tipo de artificios con el fin de erosionar al adversario. De momento, los sectores oficialistas ya han empezado a practicar lo que, con razón, tanto habían criticado de Convergència i Unió a raíz de la formación del primer tripartito: el envío masivo de cartas o comentarios a periódicos y portales digitales. En aquel momento, CiU, llena de resentimiento por haber sido descabalgada del Gobierno, satanizaba a ERC por medio de opiniones de apariencia espontánea pero que incluso un niño podía ver que eran un calco de las que repetía día tras día el gabinete mediático de la federación. Ahora, desde ERC, se está haciendo lo mismo por medio de comentarios que no tienen otro objetivo que descalificar aquellas voces disconformes con la estrategia actual. Las circunstancias no son las mismas, por supuesto, pero los intereses sí que lo son. CiU perdió el poder y ERC (su ejecutiva) corre el riesgo de perderlo. Preocupante situación, pues, viniendo de las siglas con el ideal más elevado de todas las fuerzas del arco parlamentario catalán: la independencia de Cataluña y su conversión en un nuevo Estado europeo. Por desgracia, este principio, que sólo aparece coloquialmente o como una frase postiza en campaña electoral, se ha convertido en un florero y ahora parece que todo es lícito para que los renovadores sean estigmatizados. Yo mismo, que no pertenezco al partido, he sido objeto de todo tipo de insultos y descalificaciones por parte de algunos supuestos militantes de ERC conminándome a callar. Son los mismos que, con la cobardía que les caracteriza, se dedican a difundir mentiras o calumnias amparándose en la barra libre que permiten muchos foros digitales. Ni que decir tiene que estamos hablando de impotentes intelectuales, de individuos negados para el razonamiento o la argumentación y obligados, por consiguiente, a expresarse por medio del exabrupto y la patochada, pero es evidente que hacen el trabajo sucio a determinadas personas de apariencia impoluta. Ese es otro aspecto que homologa ERC con el resto de las fuerzas políticas: el hecho de tener entre sus votantes una cuota de personas de ideología totalitaria que exigen la subordinación del conjunto a su ideario. Así, toda voz que se atreva a cuestionar la ruta suicida de la nave republicana es un "convergente", en el mejor de los casos, o un "terrorista", en el peor. La paranoia ya tiene esas cosas, ve enemigos por todas partes. Aunque lo cierto es que no son enemigos del partido ni de nadie en particular sino del inmovilismo.

Peter SellersDebería parecer un contrasentido que la perdida de 350.000 votos no hayan bastado para que los responsables de esa perdida -¿o no hay responsables?- admitan públicamente el error de reeditar el tripartito. Sobretodo después que el PSC, en su primera legislatura, destituyese a Josep-Lluís Carod-Rovira como conseller en cap y expulsase a ERC del Gobierno. Hay que tener unos índices muy bajos de autoestima o estar muy necesitado de los privilegios del poder para entregar dos veces la Generalitat al mismo partido que te ha humillado por partida doble ante todo el mundo. Aunque eso, bien pensado, ya concuerda con la huida hacia delante de los oficialistas, que, todavía hoy, insisten en les bondades del pacto con el PSC. Y si la diáspora de votantes sufrida en las últimas elecciones no ha sido lo bastante fuerte para provocar el gesto siempre elegante de la dimisión en los arquitectos del tripartito es de esperar que éstos se comportarán igual que el soldado hindú encarnado por Peter Sellers al comienzo del filme El guateque, en el que, a pesar de ser atravesado por un millar de balas, sigue tocando la corneta. No creo, sin embargo, que ésta sea una buena actitud de cara a las próximas elecciones catalanas. Perder más de la mitad de los votos en las elecciones españolas, aun siendo muy duro, no deja de ser un mal menor para la lógica de un partido independentista, pero perderlos en las nacionales es una debacle.

De momento lo que hay es mucho miedo ante la fuerza que están adquiriendo los sectores críticos, los mismos que no hace demasiado, según la dirección, eran cuatro gatos indocumentados. Y para frenar ese auge ya están empezando a llegar las ayudas del PSC. Ya hay, en estos momentos, mucho socialista disfrazado de republicano que defiende las tesis oficiales de ERC, porque sabe que la continuidad del PSC en el poder depende de que éstas se impongan. Son las mismas voces que afirman que todo votante republicano disidente es alguien favorable a un pacto con CiU. Lo que no dicen estos mensajeros, porque no les interesa, es que el pacto sin contrapartidas ha sido un negocio ruinoso para ERC y redondo para el PSC. ERC ha obedecido con diligencia la orden de colocar la bandera española en el balcón de la conselleria de Governació que el ex-conseller Joan Carretero había retirado, ha cedido a los socialistas todo el control de los medios de comunicación públicos y, entre otras cosas, se ha tragado la flagrante invasión competencial que supone la ley de dependencia. No hay duda de que han hecho cosas positivas, pero ¿dónde está su rentabilidad si no saben proyectarlas? Es decir, que aquella llave que un día exhibió Carod como metáfora de la capacidad de ERC para doblegar al PSC se ha volatilizado. Ahora, por lo menos, la única llave verdaderamente existente la tienen las bases republicanas.

Lo que más duele es la energía y el tiempo perdidos. Tras su expulsión del Gobierno, siempre me pareció que la opción más aconsejable para ERC, si no se sentía lo bastante fuerte para exigir contrapartidas determinantes para el país y rentables para el partido, era permanecer en la oposición. Era lo más lógico ya que, de no hacerlo -como así ha sido-, sería ella quien pagaría los platos rotos de la política españolista del PSC. Eso explica por qué la defensa más inflamada de la cúpula republicana no proviene en estos momentos de la propia ERC, sino del PSC. En otras palabras, dime quien te defiende y te diré quien eres.

e-notícies, 21/4/2008 i 24/4/2008 (català)
Berria , 23/4/2008 (euskara)
Nabarralde , 24/4/2008 (español)
 
Hitza hormaren kontra Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dijous, 10 gener 2008
Hitza hormaren kontraNabarralde, la entidad cultural que ha promovido la traducción de mi libro Hitza hormaren kontra del catalán al euskera, me ha pedido que escriba un texto que explique las razones por las cuales lo he escrito así como los elementos de conexión con la realidad vasca que contiene. Pues bien, el título es una metáfora del conflicto que catalanes y vascos mantenemos con España. Hace siglos que nuestras palabras se estrellan sistemáticamente contra el muro español y que la pedagogía de explicar quienes somos y de expresar nuestro irrenunciable derecho a decidir topa de lleno con la cerrazón española. Hemos cruzado océanos de tiempo y, a pesar de ello, seguimos encadenados a un país que sólo nos quiere como una posesión: desnaturalizados, españolizados y subordinados. Nuestra identidad debe ser subsidiaria de la española, nuestra lengua una peculiaridad regional y nuestros derechos nacionales la ilusión óptica de una insolación. Así lo ha determinado la cerrazón.

Hitza hormaren kontra es un libro contra esa cerrazón. La palabra cerrazón, que es genuinamente española, no tiene equivalente en catalán y creo que tampoco en vasco. Podemos traducirla mediante sinónimos como obstinación, terquedad o empecinamiento, pero no es lo mismo. La cerrazón es otra cosa. Hablar de la cerrazón es hablar de una incapacidad casi genética para comprender una existencia distinta de la propia, es hablar del dominio del despotismo y de la ignorancia sobre el respeto y la sabiduría. La cerrazón es enemiga de la luz y de la comunicación. No hay lugar para el entendimiento donde reina la cerrazón.

Concebido como un diálogo electrónico entre dos personajes reales -Fernando Campos, un español de Madrid, traductor del Parlamento europeo y votante del PSOE, y yo mismo-, el libro aborda todas aquellas cuestiones relacionadas con el conflicto político que padecemos: la identidad, la cultura, la lengua, los medios de comunicación, el cierre de periódicos, la ilegalización de partidos, la satanización del independentismo, la violencia verbal, las fuerzas armadas, el terrorismo de Estado, el nacionalismo español, el autoodio, el colaboracionismo, el franquismo subvencionado, las fronteras, los referéndums, el derecho a la autodeterminación... Ni que decir tiene que el interlocutor español se sirve de tópicos para enfocar esos temas y obliga al autor a hacer un ejercicio pedagógico que, una y otra vez, topa con la cerrazón. Veamos algunos ejemplos.

"A los catalanes les prohibieron usar su lengua y a los no catalanes y no fascistas les prohibieron usar la suya como querían", dice Fernando Campos. Pero hace trampa. Es cierto que los españoles no fascistas padecieron el franquismo tanto como pudieron padecerlo vascos y catalanes, pero estos últimos lo padecieron doblemente por su condición nacional. Campos confunde interesadamente la falta de libertad de expresión con la prohibición de usar una lengua. Los españoles republicanos también sufrieron la guerra, pero a ellos no les persiguió nunca nadie por el hecho de ser españoles. A ninguno de ellos se le prohibió jamás hablar español. A todos los catalanes y vascos –a todos- se nos prohibió hablar catalán o euskera. En España, por lo tanto, se prohibió la libertad de expresión. En Cataluña y en Euskal Herria se prohibió la libertad de expresión y las lenguas catalana y vasca. En definitiva, se nos prohibió ser sencillamente catalanes o vascos.

Hablando del derecho del País Vasco o de Cataluña a decidir su estatus político, Fernando Campos dice lo siguiente: "Víctor, yo te cambiaría mi estatuto jurídico nacional determinado por el tuyo sin determinar para que vieras que orgasmo es". La verdad es que si no conociera a mi interlocutor, pensaría que practica el sarcasmo. Pero no, lo dice en serio, lo cual es una prueba del grosor del muro. Ahora resulta que tener un estatus jurídico indeterminado, és decir, ser catalán o vasco, és un orgasmo. ¿Y cómo sabe un español que ser vasco es un orgasmo? Ello me recuerda a esos ricos que desaconsejan el bienestar a los pobres. "No quieras ser rico", dicen, "tendrás muchos problemas". La argumentación de Campos, si se la puede llamar así, es tan esnob que provoca la sonrisa porque entronca con el discurso de los falsos universalistas que afirman estar en contra de los estados y de las fronteras pero son incapaces de quemar el DNI que les define como españoles. Si su patria es el cosmos y verdaderamente son ciudadanos del mundo, ¿por qué no prueban de circular por él con un carnet que les defina como ciudadanos cósmicos? Una metáfora de ese comportamiento nos la ofrece la película "Los soñadores", de Bernardo Bertolucci, enmarcada en el mayo francés del 68. Isabelle, una atractiva niña de papá, que mantiene un triángulo con dos hombres, afirma que las posesiones carecen de sentido y para demostrar que es consecuente decide vivir en una tienda de campaña. Y ciertamente lo hace, sólo que la tienda la monta en una habitación de una de las casas de su padre. Es éste, en definitiva, quien, mediante un cheque mensual, paga su manutención, sus vestidos y sus caprichos. Con el DNI español en el bolsillo también es fácil afirmar "mi patria es el cosmos". Al final, sin embargo, siempre encontramos al individuo atrapado en sus contradicciones.

Hitza hormaren kontra habla de estas cosas con el fin de proveernos de argumentos contra los tópicos tradicionales del españolismo "amable". El tema surge tan a menudo, ya sea en familia, en el trabajo o con amigos y genera en nosotros una desazón tan grande por el grado de implicación emocional que ponemos, que muchas veces nos cuesta encontrar el modo de rebatir el tópico. Por eso la idea brillante nos viene demasiado tarde, cuando el debate ha terminado y ya vamos camino de casa. Entonces descubrimos con amargura que el debate sólo nos ha aportado frustración. Es el momento de pensar que cuando la solución no se encuentra en el interior del muro, sino al otro lado, la opción más inteligente es saltarlo.

Berria , 23/12/2007 (euskara)
Nabarralde , 23/12/2007 (
español, euskara )
victoralexandre.cat , 18/1/2008 (català, español, euskara)
 
Euskal Herria y Cataluña, un camino juntos Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
diumenge, 06 gener 2008
Euskal Herria-CatalunyaEl partido que disputaron el pasado 29 de diciembre las selecciones nacionales de Euskal Herria y Cataluña en el estadio de San Mamés ante 40.000 espectadores ha sido más importante de lo que parece. Las declaraciones de los presidentes de las dos federaciones, Iñaki Dobaran y Jordi Roche, no hay duda de que han sido muy matizadas y han rehuido en todo momento los aspectos más espinosos. Por ejemplo, cuando preguntan a Dobaran si la Federación quiere desmarcarse de la política él responde que ya comentó con los otros miembros de la junta que su actitud tenia que ser esa, la de huir de la politización del partido, "que sabemos que es inherente al match, pero nosotros no tenemos que hacer valoraciones en este sentido. No hay duda de que hay una parte muy importante de aficionados al fútbol, e incluso una parte que no lo son, a quienes les gustaría ver jugar a su selección en competiciones oficiales. Ese es el objetivo". Jordi Roche, por su parte, responde de este modo a la pregunta sobre si le preocupa la reacción de Madrid: "Debemos prescindir. Hay un sentimiento y se ha conseguido un punto de inflexión. Se había tocado fondo en el modelo de partidos y ahora tenemos que reactivar la ilusión por la selección. Jugar también es reivindicar el hecho de poder competir como hace Escocia. Muchos se sorprenderían de los países que la FIFA tiene reconocidos. Algunos querrían que la selección muriese, pero Cataluña no lo ha permitido. El primer paso es tener un reconocimiento interno. El segundo, avanzar hacia la oficialidad. Y lo que queda claro es que todo tiene un sentimiento, y hay mucho a favor. Aquí es donde entra la vertiente política".

Pues bien, es literalmente imposible eludir la vertiente política. El partido lo demostró. ¿Le importaba a alguien el resultado? ¿Eran las ganas de ver goles o la carga simbólica del partido lo que llenó San Mamés? La politización estuvo presente y lo estará siempre, tanto en partidos amistosos como en partidos oficiales, porque no son los vascos y los catalanes quienes han politizado el deporte, sino los estados nación. Fueron los estados los que crearon las selecciones 'nacionales' con el fin de cohesionar a sus territorios por medio de la épica deportiva. Son ellos los que han politizado las competiciones internacionales y han convertido los Juegos Olímpicos en una exaltación de banderas e himnos nacionales; son ellos los que han dividido el mundo entre pueblos con derechos y pueblos sin derechos. La exaltación patriótica de la figura de Fernando Alonso en Cataluña, con la colaboración entusiasta de la costra socialista de TV3, por ejemplo, es hija de ese fervor patriótico. No tienen suficiente con tener su 'selección', necesitan, además, llenarla de 'españoles a la fuerza' para poder ganar alguna medalla de vez en cuando e imaginarse que 'Dios es español'.

Catalunya i Euskal Herria, un camí junts

Pero llegará el día en el que todos esos impedimentos caerán empujados por la fuerza de los derechos y España, si su orgullo se lo permite, se verá obligada a enfrentarse a Cataluña o a Euskal Herria en competición oficial y a asumir la probabilidad de una derrota. Mientras tanto, José Montilla continuará sin asistir a los partidos amistosos de la selección del país que preside, porque seria grotesco, además de incoherente, que el secretario general de un partido político contrario a las selecciones catalana y vasca se sentara en un palco para presidirlos escuchando al mismo tiempo los espectaculares silbidos de un estadio a su persona. En todo caso, la importancia del partido mencionado, no tiene nada que ver con Montilla, sino con la unión de dos pueblos que se quieren, que se admiran y que se respetan. Dos pueblos que el otro día dieron una lección magistral a sus gobiernos respectivos en la consecución de un objetivo común. Y es que no hay que ser ninguna lumbrera para darse cuenta de la fuerza que puede tener el traslado de esta unidad deportiva al terreno de juego de la política. El día que los gobiernos de Cataluña y del País Vasco comprendan que juntos son mucho más fuertes que separados, estarán a un paso de la consecución de un Estado propio.

Manifestació per l'oficialitat de les seleccions catalana i basca
Manifestación en Bilbao por la oficialidad de las selecciones vasca y catalana

e-notícies , 3/1/2008 (català)
Berria , 16/1/2008 (euskara)
Nabarralde , 16/1/2008 (español)
 
Estado de sitio en Euskal Herria Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dimecres, 17 octubre 2007
Estat de setgeLo que la Justicia y el gobierno españoles están haciendo en Euskal Herria es realmente escandaloso. Tiene razón la portavoz del gobierno, Miren Azkarate, cuando afirma que se está juzgando a la sociedad vasca por el simple hecho de querer decidir por sí misma sobre sí misma. El juicio contra el lehendakari Juan José Ibarretxe por haber dialogado con Batasuna -¿no son las dictaduras las que criminalizan el diálogo?- y la persecución que se ha desatado contra la izquierda abertzale, únicamente para satisfacer los intereses electorales del Partido Socialista, tendrá graves consecuencias en las sociedades vasca y española. Es indudable que el único culpable de un atentado es quien lo comete, pero los escenarios de violencia política tienen responsables políticos. Y los cuarenta años de existencia de ETA demuestran que no hay voluntad política de terminar con este conflicto. Al contrario, tanto el Partido Popular como el Partido Socialista sacan toda la rentabilidad electoral que pueden. Es inmoral, claro, pero, ¿cuándo han demostrado que les importe más la paz que el poder? La Ley Antiterrorista y la Ley de Partidos Políticos son leyes claramente antidemocráticas y propias de regímenes totalitarios; y, además, como es sabido, del todo inoperantes para resolver el problema. La primera, la Ley Antiterrorista, es la coartada para impedir la representación parlamentaria de la izquierda independentista -si no hay votos, no hay escaños-; y la segunda, la Ley de Partidos, es la vía para criminalizar la prensa desafecta a España -aunque, como se ha visto, ello implique encarcelar a personas inocentes y torturar a directores de periódico.

Ante este estado de cosas, la izquierda abertzale haría bien en no menospreciar al Partido Socialista. ¿Habrá que recordarle que fue bajo el régimen de ese partido que el Estado español vivió los casos más escandalosos de corrupción política, de tortura policial y de terrorismo de Estado? ¿Habrá que recordarle que se trata del mismo partido que ha elaborado una Ley de la Memoria Histórica que no anula los juicios sumarísimos del franquismo y que, con los votos del PSC y de ICV, sigue considerando legal el fusilamiento del presidente Lluís Companys? Pues bien, esa fuerza política ha llegado hasta el extremo de imponer un estado de sitio a la población guipuzcoana de Segura, con identificación de sus habitantes y control absoluto de sus movimientos. La reunión de cuatro personas en algunas poblaciones de Euskal Herria para hablar de política es delito de terrorismo. Exactamente igual que en la época de Franco. "Más de dos, no", decían entonces.

Claro que también podría llegar la suspensión de la autonomía vasca, como piden Alfonso Guerra y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, pero no hará falta porque el lehendakari Ibarretxe no celebrará ningún referéndum sin un acuerdo con el Partido Socialista. Ibarretxe domina muy bien la gestualidad, pero es difícil que plante cara al gobierno español hasta el punto de ponerlo en evidencia ante todo el mundo. Cosa que es una lástima, porque la mejor manera de mostrar la baja cultura democrática de alguien es que se le vea sublevándose contra un referéndum. No hay imagen más patética, en política, que la del enfrentamiento entre urnas y armas, entre demócratas y totalitarios. Es decir, las urnas secuestradas por la fuerza de las armas. Y pensar que hay quien llama a eso Estado de derecho...

e-notícies , 15/10/2007 (català)
Berria , 18/11/2007 (euskara)
Nabarralde , 18/11/2007 (español)
 
'Txiki', ¿el último crimen de Franco? Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dijous, 27 setembre 2007
Juan Paredes Manot, 'Txiqui'
Juan Paredes Manot, Txiqui
Al amanecer del 27 de septiembre de 1975, ejecutando la sentencia de un juicio sumarísimo, el régimen franquista llevó a cabo el fusilamiento de cinco personas. La prosperidad económica, propiciada tanto por las divisas que llegaban de los inmigrantes que vivían en el centro de Europa como por una coyuntura mundial favorable, había mejorado notablemente el nivel de vida en el Estado español y el régimen de Franco se debilitaba por momentos. Esta debilidad, sin embargo, no le impedía conservar buena parte de su ferocidad. Más bien lo contrario. Consciente de que con la muerte del dictador le sería imposible mantenerse, el régimen decidió morir matando; y una de sus últimas víctimas fue Juan Paredes Manot Txiki.

El pasado 27 de septiembre, en el teatro de la Aliança del Poble Nou de Barcelona, se celebró un acto para mantener viva la memoria de aquel fusilamiento. Fue un homenaje muy emotivo, organizado por la Asociación Catalana para la Defensa de los Derechos Humanos, que tuvo lugar en presencia de la madre y de los hermanos de Txiki y que contó con parlamentos de Joan Tardà, diputado de Esquerra Republicana, Doris Benegas, de Izquierda Castellana, Magda Oranich, Gorka Knörr, y un servidor así como las actuaciones de Josep Tero, Feliu Ventura y Euskaria Aberbatza. También se aludió al fusilamiento de Ángel Otaegui, el mismo día y a la misma hora, cuya muerte fue todavía más triste que la de Txiki, porqué le mataron en la cárcel de Burgos, completamente sólo y sin ningún testigo.

Pero el acto de Barcelona fue más que un homenaje, ya que se habló del derecho a la autodeterminación de los pueblos y se denunció el vergonzoso proyecto de Ley de la Memoria Histórica aprobado recientemente por el gobierno español. Han transcurrido treinta y dos años después de la muerte de Franco y sus crímenes siguen bajo la protección de los dos grandes partidos nacionalistas españoles: el Partido Popular se niega a condenarlos y el Partido Socialista continua protegiendo los juicios sumarísimos del dictador y considerándolos completamente legales. Por sus actos les conoceréis, dijo alguien hace dos mil años.

Txiki, con sólo veintiún años, fue fusilado por un pelotón de guardias civiles voluntarios en un claro del bosque de Cerdanyola, una población cercana a Barcelona. De nada sirvieron las movilizaciones en toda Europa ni las numerosas peticiones de clemencia que Franco recibió en las horas precedentes, entre ellas la del Papa Pablo VI. "Franco está durmiendo y ha ordenado que no se le moleste", fue la respuesta que recibió el Vaticano. A las ocho y media de la mañana, seis miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil se vistieron de verde con un tricornio en la cabeza para disfrazar de autoridad su crimen y, con dos balas cada uno, fueron disparando poco a poco para saborear el placer que les producía la ejecución y poder prolongar la agonía de la víctima. Txiki, que unas horas antes había escrito "no me busquéis bajo tierra, soy viento de libertad", un poema del Che Guevara, murió cantando el Eusko Gudariak. Fueron testigos su hermano Mikel y los abogados defensores Marc Palmés y Magda Oranich.

Sin embargo, no era frente a un pelotón de fusilamiento como el gobierno español tenía previsto matar a Txiki, sino por medio del garrote vil. Para impedirlo, Palmés y Oranich solicitaron que, en caso de irreversibilidad de la sentencia, por lo menos se concediese a Txiki la posibilidad de morir como él deseaba: como un soldado vasco. Es decir, fusilado. Pero el gobierno español se mostró inflexible. Inflexible hasta que las circunstancias le obligaron a ceder. No podía ser de otro modo, ya que no había en todo el Estado cinco verdugos especializados en garrote vil, lo cual  imposibilitaba la celebración de cinco ejecuciones simultáneas. Fue, por lo tanto, la siniestra testarudez de Franco, de matar cinco personas a la vez como medida ejemplar, lo que obligó a cambiar el garrote vil por el fusilamiento y lo que, en definitiva, permitió a Txiki salirse con la suya y obtener una pequeña victoria final: morir por las libertades de un país en el que no había nacido. Y es que Txiki era un español de Extremadura que dio la vida por Euskal Herria, esa fue su grandeza y en ella reside la verdadera universalidad.

e-notícies , 24/9/07 (català)
Berria , 9/10/2007 (euskara)
Nabarralde , 10/10/2007 (español)
 
Ahora nos toca a nosotros (adiós a Xirinacs) Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dijous, 16 agost 2007
Parlamento en el Fossar de les Moreres en el adiós a Lluís Maria Xirinacs:

Comiat a Xirinacs al Fossar de les Moreres
Adiós a Xirinacs
"¿Creéis que la muerte de Xirinacs servirá para que los políticos reaccionen y hagan que Cataluña dé un giro?", preguntó un señor durante los actos de la Diada del 11 de septiembre. Todo el mundo respondió que no. Era la conclusión lógica después de escuchar las declaraciones de diversos políticos y lo que ha dicho TV3. Ara resulta que Xirinacs sólo era "un símbolo de la lucha antifranquista", un hombre mayor que el paso del tiempo había convertido en un ser caduco sin ninguna conexión con la realidad. Los hay, incluso, que lo han calificado de enfermo mental, de ser alguien cuya cabeza ya no regía y que decía cosas carentes de sentido. Es una ignominia, ciertamente. Pero, bien mirado, la ignominia no debe afectarnos, porque es hija de la impotencia. La ignominia no es más que la constatación pública de las graves limitaciones intelectuales del denigrador y la demostración explícita de la gigantesca superioridad moral del ignominiado. En este sentido, el legado de Xirinacs es la respuesta a quienes, desde el poder o desde las tribunas de opinión, han hecho de la claudicación de Cataluña una norma de obligado cumplimiento. Tan ciego es su egoísmo, tan cínica es su deserción, que son incapaces de percibir el triste papel que les reserva la historia.

Lectura del parlamento
Lectura del parlamento
Hay personas que necesitan desacreditar a Xirinacs, porque él era justamente su antítesis. Son aquellos que hace ya mucho tiempo que encontraron en la subordinación a España una manera de satisfacer sus intereses personales o de partido, son aquellos que dicen que la autodeterminación es una estupidez o que afirman que los derechos históricos de Cataluña no existen o que votan en Madrid junto al PP contra la unidad de la lengua catalana o que, no hace mucho, pedían el sí al Estatuto catalán para convertirnos a todos en cómplices de un fraude histórico. Pero, mira por donde, el colapso reciente de les infraestructuras de Cataluña ha puesto en evidencia hasta que punto somos una colonia expoliada por España con el consentimiento, ya sea por ideología o por cobardía, de nuestra clase política. Es la misma clase política, con toda su corte de creadores de opinión, que nos quiere domesticados, claudicantes y sometidos como ellos; es la misma clase política que nos dice que ahora no es el momento de hablar de independencia porque hay cosas más importantes. ¿Y cuáles son esas cosas tan importantes que no tienen nada que ver con la independencia? ¿Los escaños, quizás? ¿Los cargos, la jerarquía de los partidos, la vanidad personal? Nos dirán que primero hacen falta los votos para que la plena soberanía del pueblo catalán y del pueblo vasco pueda ser una realidad. Pero no es cierto. Es sólo una excusa para justificar el inmovilismo. Es la clase política la que tiene la obligación de concienciar a la sociedad y de explicarle que todos los problemas que tienen planteados actualmente las naciones catalana y vasca -todos- son consecuencia directa de su subordinación a otro país.

XirinacsXirinacs hablaba de la "traición de los líderes" y, al hacerlo, evidenciaba su generosidad. Porque... ¿dónde están los líderes? Gandhi sí era un líder. El hombre que decía "hagas lo que hagas quizá no servirá de nada, pero es muy importante que lo hagas" retornó la libertad a la India. "Pero la India es un país pobre", pensará alguien. Sí, es cierto, la India es un país pobre. ¿Y qué? Los indios no querían la independencia para ser ricos, sino para ser libres. La libertad no da riqueza, la libertad da dignidad.

Por lo tanto, no es por egoísmo, por lo que necesitamos ser independientes, es por solidaridad. Porque no es con el aeropuerto de Barajas ni con les autovías o con el metro de Madrid que queremos ser solidarios, sino con los pueblos que tienen una esperanza de vida de 40 años. La mitad de la nuestra. Necesitamos ser independientes para liberarnos de monarcas que viven a nuestra costa; necesitamos ser independientes para terminar con la subordinación de nuestro Parlamento a la voluntad de otro Parlamento, un Parlamento que ni siquiera nos permite hablar en nuestra lengua.

Ahora, pues, nos toca a nosotros. Nos dirán radicales, no hay duda. Pero nos dirán radicales porque no pueden decirnos nada más. Naturalmente que somos radicales. Somos radicales porque lo contrario de radical es reaccionario. Y son reaccionarios, de derechas o de izquierdas, todos cuantos quieren que Cataluña y Euskal Herria estén eternamente sometidas a la voluntad de sus vecinos. Es, en definitiva, porque somos radicalmente desacomplejados en la reivindicación de nuestros derechos que debemos exigir a nuestros políticos que no dimitan de su catalanidad o de su vasquidad, que no olviden que no es con su partido con quien tienen un compromiso sino con su país. Con su país y con quienes dieron la vida por sus libertades. Porque si no es así, si la historia no cuenta para nada y en nombre de la estabilidad debemos olvidar que fuimos naciones libres y soberanas, ¿qué sentido tienen los actos institucionales de la Diada o del Aberri Eguna? La ambición es legítima, pero el compromiso es noble. Y entre la legitimidad y la nobleza, creo honestamente que hay que escoger la nobleza. Por eso hay que pedir a nuestros políticos que entre la ambición y el compromiso escojan el compromiso.

XirinacsSe ha dicho que Lluís Maria Xirinacs se suicidó. No es cierto. Xirinacs no se quitó la vida, Xirinacs sólo escogió el lugar donde quería morir, y cuando estuvo allí dejó serenamente que la vida abandonase de su cuerpo. Ese fue su acto de soberanía, ir a encontrarse con la muerte en lugar de esperarla tendido en el asfalto o en una cama de hospital, y éste es su testamento vital: decirnos que somos nosotros, únicamente nosotros, los dueños de nuestro destino.

Racó Català , 17/8/2007 (català)
radiocatalunya.ca , 17/8/2007 (català)
El Punt , 24/8/2007 (català)
Berria , 20/9/2007 (euskara)
Nabarralde , 21/9/2007 (español)
 
El universalista de Benicàssim Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dimarts, 24 juliol 2007
José Luis Morán, director del FIB
José Luis Morán,
director del FIB
Las declaraciones de José Luis Morán, director del Festival Internacional de Benicàssim (País Valenciano), al periódico Avui son tan grotescas que no merecen ningún tipo de comentario. Pero diré algunas cosas porque la impotencia intelectual no justifica la estupidez. Cuando la periodista le pregunta si se ha planteado traer grupos que canten en catalán -ya que Benicàssim es una ciudad de los Países Catalanes y en el FIB, además, participan grupos de diferentes países-, Morán responde que no y explica las razones: "no creo en nacionalismos, creo más en aquellos que muestran su cultura de una manera más masiva para que llegue a más gente. Entiendo a los que defienden sus raíces y lo respeto, pero no lo comparto. Prefiero apoyar a los que cantan en castellano que a los que cantan en euskara, catalán o gallego. No se trata de reducir, sino de tender a un mundo en el que podamos comunicarnos mejor y no mirarnos tanto a nosotros mismos". Y luego, desnudando su inconsciente con el término boicot, añade: "Pero más que boicotear cualquier cultura, lo que buscamos es apoyar la comunicación masiva, llegar al máximo de público".

Es toda una declaración de principios, no hay duda, y más tratándose de alguien cercano al PSOE. Contratar a un grupo que cante en español o en francés es cosmopolitismo, contratar a uno que lo haga en catalán o en vasco es nacionalismo. Lo es porque un grupo catalán o vasco debería cantar en español en lugar de mirarse el ombligo usando un idioma excluyente. Morán es un nacional-universalista, un hombre superior, uno de esos prodigios que la naturaleza crea de vez en cuando y que lógicamente no tienen patria porque su patria es el cosmos. Piensa -aunque oculta ese pensamiento- que hay lenguas y culturas superiores y lenguas y culturas inferiores. ¿No le recuerda al lector cierta ideología centroeuropea este punto de vista? La lengua y la cultura de los catalanes, de los vascos y de los gallegos serían lenguas y culturas inferiores y la lengua y la cultura española, que son las de José Luis Morán, serían una lengua y una cultura superiores. Por consiguiente, ¿quién, salvo un loco, un provinciano o un retrógrado, se atrevería a imponer desde un escenario unas canciones que son por sí mismas la expresión musical de una inferioridad manifiesta? Por suerte, hay niveles. Y el nivel lo marca la lengua española, que, como sabemos, es la lengua que los pueblos abiertos, simpáticos y comunicativos adoptan libérrimamente al mismo tiempo que se avergüenzan de la propia. José Luis Morán, además, está en contra de los nacionalismos. De todos menos del suyo. Cosa que lo emparenta con tres grandes iconos de la universalidad: José María Aznar ("Yo no soy un nacionalista español, yo sólo soy un español convencido"), José Bono ("Soy español y creo en mi país. Yo no soy nacionalista") y Rodrigo Rato ("Yo no soy nacionalista español, yo soy español").

Dice Morán que "no se trata de reducir, sino de comunicarnos mejor". Y, claro, para comunicarnos mejor es preciso reducir el número de lenguas y culturas y dejar tan sólo unas pocas entre las cuales, mira por donde, está la suya. Es decir, que, según el director del Festival Internacional de Benicàssim, el involucionista no es el que quiere reducir a media docena las seis mil lenguas del planeta, sino el que intenta salvaguardarlas todas. Pobre Morán, se sirve de las palabras para esconder su ideología sin darse cuenta de que no hay delator más inclemente que el lenguaje.

El Singular Digital , 24/7/2007 (català)
radiocatalunya.ca , 24/7/2007 (català)
Racó Català, 25/7/2007 (català)
Berria , 31/8/2007 (euskara)
Nabarralde , 1/9/2007 (español)
 
La Fiesta nacional española Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dimarts, 19 juny 2007
La Fête nationale espagnoleCon la celebración de una nueva corrida en la plaza Monumental, el pasado 17 de junio, Barcelona ha sido escenario de un espectáculo patético e inadmisible; especialmente por la hipocresía política que supone declararse ciudad antitaurina el año 2004 y organizar corridas de toros el 2007. Se dirá que una cosa es la declaración oficial hecha por el Ayuntamiento y otra la legislación de la Generalitat. Es cierto. Pero también lo es que las dos instituciones están gobernadas por el mismo partido, el Partido Socialista (PSC), un partido que, no hace mucho, tuvo un enfrentamiento con Esquerra Republicana (ERC) en el gobierno municipal por esta cuestión. Y es que el PSC es el garante en la nación catalana de la simbología nacional española, incluso del más execrable: la Fiesta nacional. La hipocresía, por lo tanto, consiste en tener una ley aprobada por el Parlament –la Ley de Defensa de los Animales- y permitir, a la vez, la celebración de espectáculos en que los animales son torturados hasta la muerte. La hipocresía consiste en tener competencias plenas para prohibir la tortura y no ejercerlas. La hipocresía consiste en hacer un redactado que hable de proteger a los animales y, a la vez, sabiendo que la Monumental data de 1913, admitir en letra pequeña que podrán ser torturados en plazas construidas antes de 1988.

El tormento de un ser vivo no debe ser nunca un espectáculo placentero para ninguna colectividad humana que se considere evolucionada. Por ello no tiene ningún sentido que los defensores de la Fiesta intenten desacreditar al resto del mundo argumentando que no se puede ser antitaurino y comedor de carne al mismo tiempo. No tiene ningún sentido porque –si bien es cierto que los vegetarianos demuestran ser mucho más consecuentes con sus principios- no es lo mismo alimentarse que torturar. A parte, claro está, de que alguien alimente su espíritu con la tortura o de que considere que la comida no es suficientemente nutritiva sin el sufrimiento previo del comido. Así mismo, llama la atención que aquéllos que a las corridas de toros las consideran arte -así es como justifican el placer visual que experimentan con el sufrimiento ajeno-, hablen siempre de lucha noble y justa entre el hombre y la bestia. Ignoran, seguramente, que la bestia de que hablan pesa 500 kilos pero tiene el cerebro de un canario y, por lo tanto, es una ridiculez presumir de ser más inteligente que un toro. En todo caso, estaríamos hablando de la misma nobleza y de la misma justicia que habría en la lucha entre una persona normal y un deficiente mental. España se lo tendría que hacer mirar, francamente. Es bastante patético tener como Fiesta nacional el paradigma de la cobardía.

El Singular Digital , 19/6/2007 (català)
Racó Català , 21/6/2007 (català)
eurotribune.eu , 20/8/2007 (català, español, français)
 
El terrorista pasivo Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
diumenge, 17 juny 2007
Papereta d'ANBLo que está ocurriendo con el proceso de ilegalización de Acción Nacionalista Vasca es realmente escandaloso. Sólo un Estado con un gran déficit de cultura democrática se atrevería a hacer lo que está haciendo el Estado español con ese partido. Resulta inconcebible que a una sociedad que se define a sí misma como un Estado de derecho pueda pasarle por la cabeza ilegalizar una formación política en función de quienes sean las personas que recomienden votarla. ¿Qué patético contubernio de mentes obtusas puede llegar a tomar una decisión semejante? Sí, ya sabemos que el pretexto oficial para justificar dicha decisión es que ha sido Batasuna quien ha pedido el voto para ANV. Pero, ¿y qué? ¿No puede tener opinión, Batasuna? ¿También es delito opinar? Además, ¿no habíamos quedado que Batasuna ha sido ilegalizada y que, por lo tanto, no existe? ¿A qué viene tanto pánico ante algo inexistente? Son muchas preguntas, no hay duda, pero aun podríamos añadir alguna más. Por ejemplo, ¿qué ocurriría si Batasuna pidiera el voto para el Partido Popular o para el Partido Socialista? ¿Serían también ilegalizados, esos partidos? Alguien responderá que no por la sencilla razón que esos partidos, a diferencia de Batasuna, han condenado la violencia. Pero tampoco esa argucia es válida puesto que no estamos hablando de Batasuna, sino de ANV, y ANV sí que la ha condenado. Es más, ha sido Pernando Barrena quien ha pedido el voto para ANV; y Pernando Barrena, como lo prueba la libertad de que disfruta, no es una persona ilegal ni ha cometido ningún acto terrorista. ¿Cómo se explica, entonces, que se vea privado de su derecho a emitir una opinión y a pedir el voto para quien le plazca?

Pues se explica porque la voluntad política de acabar con la violencia es inferior a la voluntad de mantener la unidad de España. La unidad de España -que como toda persona culta sabe comenzó con el Big Bang- es materia sagrada y la defensa de lo sagrado, es lógico, está por encima del Estado de derecho y de los Derechos Humanos. Es, por consiguiente, la defensa de la unidad de España -sólo eso- lo que ha movido a PSOE y PP, con el apoyo de CiU, a crear la ley antiterrorista y la ley de partidos, dos leyes cuya sola existencia ya contradice la democracia que supuestamente deberían defender. En cuanto a las víctimas..., de las víctimas sólo parece importarles la rentabilidad política de sus lágrimas y la canalización electoralista del odio legítimo que éstas sienten hacia quienes les han arrebatado a un ser querido. Nada más. Saben perfectamente que las medidas policiales no van a terminar con el conflicto, pero ahí radica la perversidad de su programa: mientras ETA exista, España podrá continuar hablando de "violencia en el País Vasco" y mientras haya riesgo de violencia habrá excusa para ilegalizar a todos cuantos se identifiquen con los objetivos independentistas de los etarras aunque no con su forma de alcanzarlos. De lo que se trata, en suma, es de frenar, o por los menos dilatar, la inevitable descomposición de una España imposible, una España que sólo tiene cabida en los delirantes sueños nacionalistas de socialistas y populares. Eso es lo único que de veras les importa. Por eso no proponen la unidad de España, sencillamente la imponen. Y en esa imposición hay una búsqueda patética de eternidad, un grito desesperado de dolor ante la evidencia de su fracaso imperial.

Así las cosas, es difícil que el llamado proceso de paz fructifique. Para ello sería necesario que la E que integra las siglas del PSOE no fuese un obstáculo para la solución del conflicto y que la presión del PP dejara de ser una coartada para la dilatación del tiempo. De otro modo, cabrá concluir que el PSOE está más interesado en sí mismo y en el poder que en la consecución de la paz. Eso es al menos lo que se deduce de las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero en Vitoria en el sentido de que "con violencia no hay proceso". Pero, ¿qué proceso? Hasta el atentado de Barajas, hubo nueve meses de tregua permanente sin que el gobierno español moviera un sólo dedo. Incluso llegó a jactarse de ello. Y ahora, también a través de Zapatero, el gobierno español afirma que con ANV se ha aplicado la ley de partidos "al pie de la letra". Ni una palabra, sin embargo, sobre la incongruencia de vetar la mitad de las listas electorales de esta formación histórica a pesar de que, como ya hemos dicho, sí ha condenado explícitamente la violencia.

Sobre este particular, además, caben diversas consideraciones. Por ejemplo, que la ley de partidos es una aberración jurídica sólo concebible en un régimen dictatorial y que su mantenimiento no tiene otro objeto que impedir que la izquierda independentista vasca tenga representación parlamentaria; de ahí que el Partido Popular, contrariamente, no sea ilegalizado por negarse a condenar el franquismo. Tiene gracia, en este sentido, que baste la petición de voto de Barrena para estudiar la ilegalización de ANV y en cambio no se haga lo mismo con el PP cuando Ricardo Sáenz de Ynestrillas, condenado por terrorismo, pide el voto para esa formación. Y también resulta curioso que el gobierno español se jacte de cumplir la ley "al pie de la letra" cuando él mismo la incumple impidiendo el acercamiento de presos. Pero, como decía al principio, lo más grave es que algo tan antidemocrático como la ley de partidos pueda pasar por encima de la ley electoral hasta el punto de criminalizar una formación política según la opinión que tenga de ella una persona determinada. Estamos hablando, por consiguiente, de algo mucho más peligroso que la conculcación de la libertad de expresión, estamos hablando de la institucionalización del delito de opinión. ¿Se da cuenta, el lector, de lo que eso significa? Significa la criminalización del pensamiento y la creación de una nueva figura delictiva: el terrorista pasivo. Es decir, cualquiera de nosotros.

Manifestació ANB
Manifestación contra la ilegalización de ANV

Berria , 25/5/2007 (euskara)
Nabarralde , 25/5/2007 (español)
El Triangle , 4/6/2007 (català)
Deia , 6/6/2007 (español)
Gara , 1/7/2007 (español)
 
Las dudas sobre Esquerra Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dijous, 24 maig 2007
Las dudas sobre EsquerraEl independentismo parlamentario, representado por Esquerra Republicana, está viviendo horas difíciles en Cataluña. No son tan difíciles como las vividas en 1996, con la crisis interna que conllevó la salida de Àngel Colom y Pilar Rahola, o en 2004, con el caso Carod, pero sí de una gran incertidumbre en cuanto a la fuga de votos que pueda propiciar la aparente disolución de sus principios en el lodazal españolista del PSC. En realidad, a pesar de lo dicho, las elecciones municipales no deberían ser un escollo demasiado grande para ERC, ya que la política local sigue una lógica completamente distinta de la nacional, pero no es descartable que un número indeterminado de votantes aproveche la oportunidad para advertirle de lo que puede ocurrir si persiste en su política errática en temas como identidad y derechos nacionales.

No sé quien asesora a Esquerra, pero a veces transmite la sensación de que alguien ha colocado un caballo de Troya en su interior. Es cierto que habla constantemente de independencia, pero es también por eso que todo el mundo se pregunta por qué razón acepta sumisa la invasión de competencias de la ley de Dependencia. Ni siquiera parece darse cuenta del papel en que la deja ese curioso juego de palabras ni del daño que le ha causado la decisión de colgar la bandera española en la conselleria de Governació. ¿Piensan, tal vez, sus asesores, que la sumisión da votos a un partido independentista? He ahí la raíz de una contradicción que genera graves problemas internos, ya que no se intuye una victoria final de ERC acorde con esa estrategia. Es absurdo, por otra parte, pensar que el españolismo del PSC se pondrá mucho más en evidencia estando en el gobierno que en la oposición y que lo mismo ocurrirá, pero al revés, con el regionalismo de CiU, con lo cual la lluvia fina de los votos patrióticos acabará regando dulcemente los campos de Esquerra. De momento, como lo demuestra la absurda manera de ofrecer la presidencia a Artur Mas a cambio de un referéndum de autodeterminación, lo que hay son muchos nervios.

Es cierto que ERC, por su singularidad, está sometida a una presión muy superior a la de los otros partidos -la presión lógica que conlleva ser la única fuerza que puede posibilitar un verdadero cambio de sentido-, y que no se le perdona la más mínima incongruencia, pero ese es un elemento inherente a la opción de la liberación nacional. Ser independentista en una sociedad atemorizada, dependiente de otra y con un índice muy bajo de autoestima conlleva ese peaje. Al fin y al cabo, la nobleza de una causa no exime de dificultades su consecución. Y una de esas dificultades son los ataques de aquellos que han encontrado en la sumisión a España una estabilidad para sus intereses personales. Miedo, inseguridad y claudicación no son comportamientos agradables de reconocer, de ahí que los ataques más virulentos no provengan de España, como sería lógico, sino de la propia Cataluña. Otra cosa es que sea la propia ERC quien, con su política, alimente esos ataques. El primero de ellos, y que quedará para siempre como una lacra inadmisible, es el de haber hecho presidente a José Montilla. El juicio de la historia será implacable en esta cuestión. Y eso, remarquémoslo, no tiene nada que ver con el origen andaluz del personaje. El problema de José Montilla no es su origen, sino su ideología. ¿A qué catalán, que no fuese racista, le molestaría tener un presidente nacido en Gambia, Méjico o Senegal si defendiera los derechos nacionales de Cataluña? A mí desde luego que no. Montilla, en cambio, es otra cosa. Montilla es un nacionalista español que no contempla para Cataluña ningún otro horizonte que no sea el mismo que el de Asturias, Extremadura o Murcia. Y aun así ERC le ha entregado el gobierno del país.

Esa decisión ya está teniendo grandes costes. Por ejemplo, el de la imposición -se aplique o no- de una hora más de lengua española en las escuelas o el de las alucinantes declaraciones de Ernest Maragall, hispanoadicto conseller de Educación, a favor de dicha imposición. El votante se pregunta: ¿responde a alguna estrategia la razón por la cual ERC no ha retenido esa conselleria en la presente legislatura o es por temor a enfrentarse a la praxis totalitaria del PSOE? En cualquier caso, aunque las críticas han llovido sobre Rodríguez Zapatero y Ernest Maragall, las responsabilidades lo han hecho sobre ERC. Injustamente, pero lo han hecho. Y lo mismo está ocurriendo con el lavado de cerebro españolizador que TV3 practica día tras día en Cataluña –con programas dirigidos por mando a distancia desde la sede del PSC- hasta el punto de haberse convertido en el tercer canal de Televisión Española. La audiencia que antes lideraba esa emisora ha caído en picado y cada vez son más los votantes de ERC que admiten que su partido jamás debiera haber entregado el gobierno a los socialistas sin asegurarse antes el control de TV3 y de Catalunya Ràdio. Y es que estamos hablando de dos emisoras cuyo único hecho diferencial actual no es lo que dicen sino la lengua en que lo dicen. Lo narran en catalán, sí, pero todo cuanto dicen no es más que una visión abiertamente hispanocéntrica de la vida. Lo cual es aun más perverso que si lo hicieran en español.

En definitiva, y este es el drama, nos encontramos conque cada gesto españolizador que hace el PSC, por insignificante que sea, tiene siempre un único damnificado: ERC, el partido que le entregó el gobierno. En el 2003, ERC dijo que no podía hacer gran cosa puesto que sólo tenia 23 diputados y ahora, en el 2007, nos dice que la situación es más difícil con sólo 21. Si esa tónica descendente persiste, ya sea fruto del desencanto o de la frustración, ¿qué nos dirá en el 2010 con sólo 19? Me temo, sin embargo, que tarde o temprano, antes de esa fecha, habrá un punto límite en que Esquerra tendrá que escoger entre la ruptura consigo misma o la ruptura con el PSC, Y naturalmente escogerá la segunda. El tiempo lo dirá.

Berria , 29/4/2007 (euskara)
Nabarralde , 2/5/2007 (español)
victoralexandre.cat , 23/5/2007 (catalán, euskara, español)
 
En defensa de la librería Ona de Barcelona Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dimecres, 11 abril 2007
Llibreria OnaLos ataques en forma de insultos que la librería Ona de Barcelona ha recibido últimamente no son diferentes de los que sufre a menudo -aunque con más brutalidad- la librería 3i4 de Valencia. Los de Valencia, ciertamente, son ataques violentos cometidos por individuos que entran con pasamontañas, agreden a los trabajadores y a los clientes, tiran los libros por los suelos y gritan consignas españolistas, mientras que los de Barcelona, de momento, no han pasado de las palabras. Pero la base ideológica que empuja los agresores de ambas ciudades es exactamente la misma y, por lo tanto, el peligro que la librería Ona sea víctima de un ataque más virulento es bien real.

No hace mucho, Quim Monzó se refirió en el momento de recibir el premio Trayectoria que le concedió el mundo literario y editorial. Y es que los hechos son más graves de lo que parecen, porque detrás hay un componente racista. No es un racismo de pigmentación, está claro, es un racismo de bajo vientre, un racismo que nace de la rabia y de la impotencia que experimenta el españolismo al ver que, después de trescientos años de sometimiento, el sometido aún mantiene las constantes vitales y se permite la osadía de tener una librería en el centro de Barcelona que sólo vende libros en catalán. ¿No es eso una provocación para un catalanofóbico? ¿No es este un modelo de librería que hay que escarnecer para que no prolifere?

La Librería Ona hace cuarenta y cinco años que existe, cuarenta y cinco años que tienen como base la catalanidad insobornable de sus promotores, liderados por Josep Espar i Ticó, y la continuidad de Jordi y Montserrat Úbeda, padre e hija que el pasado diciembre recibieron la distinción "Arraigados en la ciudad" en reconocimiento a un establecimiento que forma parte del paisaje urbano de Barcelona en la misma medida que la librería Les Voltes forma parte de el de Girona. Esta última, por cierto -también impulsada por Espar y Ticó-, es víctima de un feroz asedio inmobiliario que sólo la firmeza de Feliu Matamala, y no de la clase política, ha salvado hasta hoy de la desaparición.

Parece una ironía que unas librerías que han sobrevivido al franquismo y que, como explica Ona en su página web, "son un testimonio de la voluntad de supervivencia que nuestro pueblo tuvo que mantener para hacer frente a las agresiones constantes a qué era sometida", vean hoy amenazada su existencia. Pensemos en ello y saquemos conclusiones.

El Singular Digital , 10/4/2007 (catalán)
eurotribune.eu , 13/4/2007 (catalán, inglés, español, francés)
 
Núria Pòrtulas, culpable por desafecta Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
divendres, 30 març 2007
Núria Pòrtulas, culpable por desafectaNúria Pòrtulas es una educadora social de 26 años de edad de Sarrià de Ter, una pequeña población de 4.000 habitantes cercana a Girona, que desde el pasado 7 de febrero se encuentra en prisión preventiva en la cárcel madrileña de Soto del Real por el mero hecho de tener una ideología anarquista. No ha cometido ningún delito que permita incriminarla, no hay pruebas contra ella. Sin embargo, fue detenida brutalmente por un comando de los Mossos d'Esquadra y le fue aplicada la ley antiterrorista. Poco después, sus padres también fueron víctimas de la brutalidad policial cuando otro comando se presentó en su casa de madrugada y, tratándolos como delincuentes, llevó a cabo un registro que no dio ningún resultado. A partir de ese momento, Núria Pòrtulas ha vivido en su propia piel los efectos de una ley que conculca los derechos humanos más elementales y que permite incomunicar a los detenidos durante cinco días y tenerlos a merced de todo tipo de vejaciones y malos tratos, sin cámaras que filmen los interrogatorios y sin posibilidad de asistencia letrada o de efectuar una simple llamada telefónica.

Como si de un régimen dictatorial se tratara, no es la policía quien debe probar la culpabilidad del detenido sino que es éste quien está obligado a demostrar su inocencia. Estamos hablando, por tanto, de un ser humano literalmente desnudo de derechos y sin la más mínima posibilidad de contacto con el exterior; estamos hablando de un engendro legal, de una aberración jurídica creada en su día por el PSOE y aprobada con los votos de PP, PSC y CiU. Ellos son, pues, los padres de esta ley que posibilita que cualquiera de nosotros, ya sea por error policial o por estrategia política, pueda convertirse de la noche a la mañana en víctima de la blindada impunidad del Estado.

Es precisamente esta injusticia que se está cometiendo con Núria Pòrtulas el motivo de la concentración que todos los miércoles, al atardecer, tiene lugar frente a la sede de ICV-EUiA de Girona, ya que el control de la conselleria de Interior depende de esa fuerza política. Se le reprocha que haya imputado falsamente a Núria, que colabore en la aplicación de una legislación que vulnera los derechos fundamentales de las personas y que ni tan siquiera trate de modificar o de atenuar los procedimientos jurídicos para dicha aplicación. Me temo, sin embargo, que a ICV le importan muy poco esas concentraciones. ICV -en las antípodas, por cierto, de Ezker Batua-, es un partido que se interesa por los problemas reales de la gente y -qué duda cabe- el problema de Núria Pòrtulas no es un problema real. El problema de Núria Pòrtulas es ella misma, que es como decir que Núria Pòrtulas no existe. Todo el mundo sabe que el partido de Joan Saura e Imma Mayol está llamado a cosas más elevadas que la defensa de una joven antisistema. Además, ¿cómo puede ser Núria Pòrtulas una antisistema, si el verdadero antisistema, según Mayol, lo encarna ella misma? Esa es la lección que la joven Pòrtulas debería aprender, la que nos dice -porque hay documentación y testigos sobrados que lo prueban- que la pareja más antisistema de Cataluña, aparte de amasar riqueza con unos sueldos desorbitados dignos de la derecha más reaccionaria, tiene el buen gusto de comprar su ropa en el número 6 del Passeig de Gràcia de Barcelona, sede de la tienda que desde hace más de un siglo viste a las elites más conservadoras de la ciudad.

Otro problema que tiene Núria Pòrtulas, además de ser catalana y desafecta a España, es que quienes la han detenido no son norteamericanos y que la cárcel donde se encuentra no se llama Abu Graib o Guantánamo sino Soto del Real. Cosa, como es lógico, muy poco estimulante para un partido preocupado por los problemas reales del mundo. Es por ello que más de un lector pensará: "Si la han detenido, por algo será". Pues sí, mantenía una relación con un preso anarquista. Pero eso no la convierte en terrorista, ¿verdad? Salvo, claro está, que el país en el que vive no sea un Estado de derecho, sino un Estado policial. En ese caso, todos, absolutamente todos somos sospechosos potenciales.

Estas son palabras de Núria desde la cárcel: "Ahora ya no son acciones puntuales la razón por la cual se nos criminaliza, sino por pensar de una determinada manera". Tiene razón, porque un Estado policial necesita la coartada de un peligro constante para poder controlar a la población y encarcelarla mediante juicios de intenciones. De ahí que el cese de la violencia haya demostrado finalmente que la verdadera obsesión del Estado no es ETA sino la unidad de España. Lo dijo sin ambigüedades Dolors Nadal, diputada del Partido Popular, el 19 de febrero de 2004: "el problema no es el caso Carod ni su entrevista con ETA, sino las ideas independentistas de aquellos que quieren construir una Cataluña liberada de España". ¿Puede alguien hablar más claro? Es pues, como dice Pòrtulas, por pensar de una determinada manera que se nos criminaliza. ¿Sabe el lector que todos los jóvenes independentistas catalanes mínimamente activos están fichados por los Mossos d'Esquadra? Absolutamente todos. El procedimiento, cuyo origen se remonta hacia el año 2000 -época del conseller Xavier Pomés-, consiste en pedir la documentación a todos los jóvenes que asisten a actos soberanistas de carácter lúdico o tradicional y tomar nota del nombre de cada uno de ellos. De ese modo, como en los regímenes totalitarios -donde se detiene primero y se investiga después, donde se encarcela sin pruebas y se criminaliza la disidencia-, se obtiene una lista ilegal, pero exhaustiva, de miles y miles de personas desafectas.

Núria Pòrtulas no ha cometido ningún delito, lo sabe la policía catalana, lo sabe el conseller Saura y lo sabe la Audiencia Nacional española, pero la mantienen secuestrada porque encarna todo cuanto temen: el pensamiento libre, la utopía de un mundo sin elites privilegiadas y la defensa del derecho a la autodeterminación de todos los pueblos de la Tierra. Ese es el crimen de Núria Pòrtulas y ese será el bagaje indestructible de su victoria final.

Núria Pòrtulas a la presó
Foto desde la cárcel. En la imagen, tomada con un teléfono móvil, se puede ver a Núria Pòrtulas hablando a través del interfono de una de las cabinas de visita de Soto del Real, donde está reclusa.

Berria , 22/3/2007 (euskara)
Nabarralde , 22/3/2007 (español)
El Punt , 29/3/2007 (catalán)
Racó Català , 10/4/2007 (catalán)
 
La cerrazón contra el pueblo vasco Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dimarts, 13 març 2007
Iñaki De JuanaMe pregunto que siente un español -un español demócrata, naturalmente- cuando ve las imágenes del lehendakari Juan José Ibarretxe compareciendo ante el Tribunal Superior de Justicia acusado de haber dialogado con Arnaldo Otegi. Me pregunto que siente un español cuando, gracias a un periódico británico, ve la situación en que se encuentra un ser humano que el gobierno español, tácitamente, ha condenado a muerte en el hospital 12 de Octubre de Madrid. Que sarcasmo, por cierto, que ese centro eutanásico lleve por nombre una fecha que es el paradigma del nacionalismo más abominable.

Quizá sea porque soy catalán y pertenezco a un país de profunda cultura democrática que me cuesta tanto comprender el silencio cómplice con que el pueblo español, especialmente su esfera intelectual, observa todo esto. Quizá sea porque soy catalán que no acierto a ver dónde se encuentran esos actores y actrices de izquierdas que en una famosa ceremonia de entrega de los Goya se posicionaron en favor de los derechos humanos y que ahora callan como tumbas. ¿Eran los derechos humanos lo que realmente les preocupaba o sólo se trataba de echar una mano electoral al Partido Socialista? La verdad es que llama la atención que esa gente tan sensible y humana sea la misma que ahora guarda silencio ante la vulneración de derechos básicos como la libertad de toda persona adulta para reunirse con quien desee y cuando lo desee. ¿De verdad no tienen nada qué decir esos demócratas, como ciudadanos de un Estado que criminaliza el diálogo e impone años de cárcel por opinar en un periódico?

Lo que me ofende, sin embargo, no es la perversión de los distintos poderes del Estado español, sino la aquiescencia de su sociedad. Una aquiescencia que produce vergüenza ajena porque parte del principio absolutista según el cual el País Vasco será español o no será. Esa es la raíz del conflicto, la que exige la subordinación de la nación vasca porque es en ella donde España busca la reafirmación de su identidad. Es, por lo tanto, la desconfianza en sí misma y el desconcierto ante una realidad que no comprende, lo que lleva a España a humillar a Ibarretxe, a proteger a Enrique Rodríguez Galindo y a provocar la muerte de Iñaki de Juana Chaos.

Otro tema son las delirantes declaraciones de Josu Jon Imaz diciendo que "Mi objetivo y el objetivo estratégico de este país no deben ser enfrentarse a España, debemos cautivar a España y ganar confianza en España; la sociedad vasca tiene que cautivar a la española". Es curioso, ninguna alusión al sentido inverso de esa cautivación, ninguna referencia a la necesidad de que sea España quien cautive a los vascos. Y es que el dominador no necesita cautivar, ¿para qué, si ya posee lo que desea? Imaz, no hay duda, es el vivo retrato del dependentista feliz, es el vasco con alma de esclavo que sonríe complaciente cada vez que un español le dice que no parece vasco. Cosa comprensible, por otra parte, ya que lo único que él desea es que España le ame, aunque para ello deba renunciar a ser quien es. Es el comportamiento lógico de quien, desde su condición de dominado, no tiene mayor aspiración que ser el favorito del dominador.

Dice la sabiduría popular que no deben pedírsele peras al olmo y quizá sea ese el error que catalanes y vascos han cometido. España, justo es reconocerlo, ha hecho un gran esfuerzo por democratizar sus instituciones, pero su naturaleza sigue siendo la misma. Tiene tan interiorizado aquello de "por el imperio hacia Dios" que sigue sin saber lo que significa el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es por ello que en su comportamiento con Cataluña y Euskal Herria hay un primitivismo grotesco, el mismo primitivismo que exhiben aquellos individuos que sólo saben relacionarse con una mujer por medio de la petulancia o la dominación. "Con las mujeres hay que tener mano dura", dicen. Y eso mismo piensan con respecto a catalanes y vascos. Ya lo decía Manuel Azaña: "es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos".

Creo que se acercan momentos de gran dureza, pero que traerán consigo una vertiente positiva: la que empujará a catalanes y vascos a la independencia tras darse cuenta de que todo intento de democratizar las estructuras mentales de España es una lucha baldía contra la cerrazón. Estamos hablando de un país que ha creado una ley que conculca los derechos humanos -la ley antiterrorista- y una ley que ilegaliza la desafección a la nación española -la ley de partidos-. Estamos hablando de un país que criminaliza a un lehendakari por el "delito" de hablar con personas libres y que se dispone a juzgarlo por el sólo hecho de buscar caminos de paz a través del diálogo. Estamos hablando de un país que clausura periódicos que luego se ve obligado a reconocer como inocentes y que tortura a sus directivos como en los días más álgidos del franquismo. Estamos hablando de un país que, como una vulgar Turquía, primero condena a doce años de cárcel a un hombre por un simple delito de opinión y luego le empuja a la muerte.

Iñaki de Juana Chaos ha matado, es cierto, y me escandaliza que alguien se crea con derecho a quitar la vida de nadie, pero ya ha pagado por ello. El delito de opinión sólo existe en las dictaduras. Su muerte, por consiguiente, será un crimen de Estado, el crimen de una democracia totalitaria en la que enseñar euskera a los adultos, pedir un DNI vasco o devolver el DNI español supone decenas de años de cárcel.

Dios mío, que descanso no ser español. De hecho, debe ser porque no soy español que me resulta inconcebible tanto prejuicio en torno al pueblo vasco, debe ser porque no soy español que me resulta imposible comprender las razones de una visión tan cerril de la existencia.

El Triangle

Berria , 15/2/2007 (euskara)
Nabarralde , 15/2/2007 (español)
El Triangle , núm. 818, 12/3/2007 (catalán)
El Punt , 16/4/2007 (catalán)
 
Patologia de la autoflagelación Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dilluns, 05 març 2007
Patologia de l'autoflagel·lacióLa patología de la autoflagelación es inherente a todas las colectividades inferiorizadas o sometidas a la voluntad de un tercero. En todas las épocas y en todos los continentes, el peor enemigo de un pueblo sometido ha sido siempre él mismo. Minada su moral a través del tiempo, la pérdida de autoestima y el sentimiento de frustración acumulado son tan elevados que llega un momento en que ya sólo es capaz de reconocerse en la culpabilidad. Como les ocurre a las víctimas de violencia doméstica, al perdedor le basta con una simple mirada del agresor para sentirse culpable y pedirle perdón. Ello es así porque la dependencia emocional que la víctima ha ido desarrollado poco a poco hacia su "dueño", la incapacita para la rebelión y la emancipación. Y es una lástima, porque no se trata de una cuestión de fuerza –el verdaderamente débil siempre es el agresor-, sino de autoconfianza. Justo aquello que la víctima ya no tiene. Cataluña y Euskal Herria son un vivo ejemplo de esa patología. Inferiorizadas psicológicamente durante años, han interiorizado un complejo de culpabilidad que las empuja a un círculo vicioso dentro del cual la justificación de ese complejo sólo es posible mostrando el fondo humano del verdugo y la perversidad intrínseca de la víctima. Necesitan, por tanto, excavar en sus propias miserias para enmascarar la dependencia que padecen.

Un claro ejemplo de la excavación y exhibición de las miserias catalanas –las españolas son materia prohibida- lo encontramos en La veritat no necessita màrtirs (La verdad no necesita mártires), un libro publicado por el grupo editorial del diario El Mundo. Se trata de un premeditado vómito de 400 páginas sobre la figura de Lluís Companys, el presidente catalán asesinado, cuyo autor se defiende aduciendo que "no dice nada que otros autores no hayan dicho ya". Curiosa e insolente manera de vender libros, ¿no le parece al lector? Nos cuenta, el denigrador, que Companys era alcohólico, mujeriego, inculto, ególatra, oligofrénico, mal abogado, y, en definitiva, un buscador de gloria que debería estar agradecido a los nazis porque fue gracias a ellos que Franco, ejecutándolo, le permitió entrar en la historia. ¿Puede un catalán escribir algo más repugnante? Realmente, hay que estar muy enfermo de autoodio para masturbarse así. Puestos a buscar claroscuros humanos, ¿por qué no nos habla el denigrador de los suyos propios? ¿Por qué no confiesa honestamente el conocido odio visceral que siente hacia Companys y hacia Esquerra Republicana? Convertido Companys en un escupitajo, me pregunto cuánto tardará el denigrador en obsequiar al mundo con una nueva revelación. Por ejemplo que el presidente Francesc Macià era impotente, halitósico, aerofágico, padecía de incontinencia urinaria, le sudaban las manos y le olían los pies. De ese modo, parafraseando a su editor, veríamos a Macià "con mayor nitidez, desde una vertiente humana y no tan mítica".

Me parece altamente positiva la búsqueda de la verdad cuando hay nobleza en la idea que la promueve, cuando esa búsqueda no es una coartada para la calumnia y cuando el narrador no ha condenado a su personaje antes de escribir la primera página. Cuando las intenciones son otras, el resultado carece de rigor y el libro se convierte en un burdel de palabras. Y eso es lo más patético, que dicha contorsionada autofelación, aparte de no aportar absolutamente nada a Cataluña, coincide en objetivos con el nacionalismo español: la ridiculización de los referentes catalanes y el desarme moral frente a la hegemonía española. Estas sibilinas operaciones también se dan en Euskal Herria. La táctica consiste en tildar de radicales a quienes más desinhibidamente viven su identidad catalana o vasca. "Odian a España y la culpan de todo", es la acusación más frecuente que desde el regionalismo se hace al independentismo. Pero el regionalismo se equivoca, porque confunde la autoestima –justo lo que a él le falta- con el odio a un tercero. Y es que nada molesta más al pusilánime que la desinhibición del resoluto. Mientras el primero se entrega a la autoflagelación, el segundo concentra toda su energía en la libertad. Mientras uno busca la manera de acomodarse en la celda, el otro estudia la manera de salir de ella.

Otra máxima del buscador de flatulencias es que un país no debe esperar a ser independiente para destruir sus referentes, ya que "las críticas más sangrantes de Francia o de Inglaterra las han hecho franceses e ingleses, respectivamente". ¿Y cuándo las han hecho –cabe preguntarle-, antes o después de ser independientes? Curiosa, cuando menos, la comparación de la Cataluña estatutaria con dos de los estados más importantes de Europa. Abrumado por el alto nivel de la argumentación, temo plantear una cuestión tan simple: ¿puede ser tan estúpida, una colectividad, como para no comprender que la destrucción de sus referentes conlleva la asunción de los ajenos?

Lo más hilarante es cuando el flagelador de cadáveres dice que no se enfrenta al rey de España porque no le interesa. ¿No le interesa mantener de su propio bolsillo un referente español esencialmente antidemocrático? ¿No le interesa o no tiene valor para enfrentarse al artículo 56 de la Constitución española según el cual "el rey es inviolable y no está sujeto a responsabilidad"? Justo lo contrario de Companys, que asumió sus responsabilidades hasta el final.

En todo caso, la victoria del dominador es imposible sin la colaboración del denigrador. Juntos consiguen dos cosas: una, que el dominado se avergüence de sí mismo convecido de ser un ejemplo para el mundo; y dos, que no se dé cuenta de que la independencia es una consecuencia de la madurez no de la estupidez. Por eso, mientras los pueblos adultos devienen estados independientes, el denigrador se dedica a despreciar a quienes le recuerdan todo cuanto el suyo fue. Eso explica por qué no hay sitio para las personas íntegras y desacomplejadas en el seno de un pueblo vencido y desnaturalizado.

Berria , 25/1/2007 (euskara)
Nabarralde
, 25/1/2007 (español)
El Triangle , núm. 816, 26/2/2007 (catalán)
 
En favor de Joan Ridao Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dimecres, 10 gener 2007
Joan RidaoEs muy triste ver como el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Parlamento, Joan Ridao, es desacreditado públicamente por su partido por haber dicho la verdad sobre el proceso de paz en el País Vasco. Es muy triste que aquello que no sólo saben y piensan las bases de ERC, sino también buena parte de la sociedad catalana, no se pueda verbalizar para no molestar a Rodríguez Zapatero. Quién le iba a decir a Joan Ridao que la sumisión que Esquerra siempre reprochó a CiU y al PSC sería exactamente la misma que un día le ridiculizaría a él delante de todo el mundo. Zapatero ordena, Montilla transmite y Esquerra obedece. Desde un punto de vista catalanocéntrico lo encuentro sencillamente escandaloso. Me pregunto si Esquerra se da cuenta de que, además de ofender al independentismo con este comportamiento, se está desnaturalizando como fuerza política. Me pregunto quiénes son los asesores y a dónde quieren llegar. ¿Es éste el camino de la independencia? ¿Es en la posición del recogedor de setas, como los catalanes toman conciencia de que su país es Cataluña?

Basta con mirar los telenotícies de TV3 -versión regional de los telediarios-, para ver la profunda españolización de la vida política catalana. Debe ser que en Cataluña no ocurre nada, y, como no ocurre nada, hay que llenar los informativos con un montón de noticias de política española que, al fin y al cabo, es la política que verdaderamente rige la vida de los catalanes. Ahora bien, si la nación ha sido sustituida por la subordinación y el país ha cambiado de nombre, ¿quién esperan los políticos que vaya a votar cuando llegue el momento? ¿Votar qué? Si votar Cataluña es votar España, ¿por qué no votar España directamente?

Pues bien, dado que Ridao ha sido silenciado, hago mías sus palabras: "La izquierda abertzale, en general, y ETA, en particular, han hecho mucho más por  el proceso de paz que Zapatero". Y añado: la Ley Penitenciaria obliga al gobierno español al acercamiento de presos. El acercamiento, por consiguiente, no es una concesión, es un derecho. ¿Cuál es la autoridad moral de un gobierno que incumple sus propias leyes?

El Singular Digital , 9/1/2007 (catalán)
Nabarralde , 12/1/2007 (español)
Diario de Noticias , 14/1/2007 (español)
 
El imposibilismo de Esquerra Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dimecres, 20 desembre 2006
Bandera espanyola a GovernacióLa guerra de banderas que se ha producido recientemente en Cataluña se parece bastante a la que tuvo lugar en abril del 2005 en Leitza (Navarra), aunque con distintos elementos. En el Ayuntamiento de Leitza, la Guardia Civil retiraba la ikurriña y los ciudadanos volvían a ponerla. En Cataluña, Esquerra Republicana retiró la bandera española de la conselleria de Joan Puigcercós y José Montilla ha ordenado colocarla de nuevo. Es decir, que el espectáculo ha terminado con una nueva humillación de ERC. Lo peor, sin embargo, es que a juzgar por la docilidad con que este partido acoge las humillaciones, se diría que ha encontrado en la subordinación una fuente de placer mucho más poderosa que el independentismo. Esquerra, no hay duda, tiene perfecto derecho a flirtear con el suicidio, lo que resulta preocupante es que pretenda la complicidad de quienes la han votado. Francamente, no se comprende tanta pusilanimidad. Más que nada porque si hay un rasgo que singulariza al votante republicano es precisamente el rechazo a la subordinación que por espacio de un cuarto de siglo ha caracterizado la política de CiU. ¿O no sabe ERC que el posibilismo genera un profundo sentimiento de frustración en toda sociedad sometida a una situación de agravio permanente sin horizonte de cambio? De hecho, fue la voluntad de liberarse de esa frustración lo que llevó a miles de catalanes a votar a ERC en las elecciones del 2003 y a poner en ella unas expectativas que el tiempo ha revelado excesivas. Excesivas por dos razones: porque ERC, con sólo 23 diputados, no podía ir demasiado lejos y porque la clase política catalana, infantil, españolizada y cobarde, no tiene la más mínima intención de liderar un proceso de emancipación nacional. Así las cosas, no es extraño que la abstención y el voto en blanco hayan sido la respuesta de la sociedad a las dos últimas consultas que se le han hecho. Ya se sabe: un Estatuto infame, indigno de un país que se respete a sí mismo, y un horizonte desolador, como corresponde a todo país subordinado, resultan muy poco persuasivos.

Es esa nueva humillación de Esquerra, pues, la que ha aumentado la frustración de sus votantes. Y no lo digo por la orden de Montilla, sino por la sumisión con que Esquerra la ha cumplido. El españolismo del PSC no es ninguna novedad, lo que resulta incomprensible es que ERC le dé un barniz catalanista y le obedezca. A ERC no se la vota para que acate una legalidad injusta, para eso ya están PSC y CiU, que son el paradigma de la subordinación, sino para que se rebele contra ella por medio de la desobediencia cívica. La misma que propone la plataforma Sobirania i Progrés que le es próxima. ¿Qué va a hacer el PSC si ERC se niega a poner la bandera española en las sedes que controla? ¿Expulsarla del gobierno? ¿Encerrar en la cárcel a Joan Puigcercós? Basta de hacer el ridículo, por favor. Es alucinante que ERC se ampare en la legalidad para hacer justo aquello que siempre ha criticado. Tras las elecciones nos dijo que desde el poder se puede hacer mucho más por Cataluña que desde la oposición y ahora resulta que ni tan siquiera puede retirar la bandera de un balcón. ¿Es así como espera crecer en votantes, siguiendo el manual españolista de Duran i Lleida e imitando a ICV y convirtiéndose en el mayordomo del PSC?

Nadie ama u odia a una bandera por lo que es, sino por lo que representa. Quiero decir que la bandera de España es la bandera de un pueblo tan respetable como cualquier otro y sólo un racista la despreciaría por razones étnicas. El rechazo catalán o vasco a la bandera española se fundamenta en otra cosa, y es que simboliza un poder hegemónico. Es decir, la supremacía de un país sobre otros. Rechazar esa hegemonía, por lo tanto, además de una cuestión de principio es también una cuestión de dignidad. Pasa exactamente lo mismo con la selección española. La aversión que hay hacia ella en Cataluña o en Euskal Herria no es por su condición de española, sino porque, con su hegemonía, impide la existencia de las selecciones de esos dos países y su proyección internacional.

Carod y MontillaNo está bien promover actos contra la Constitución, la Hispanidad o el Estatut, como hace ERC, si no se es capaz de ser consecuente en detalles meramente simbólicos. Y en este sentido, la pregunta es: ¿si ERC no tiene la valentía de plantar cara al PSC en un tema menor como el de las banderas, cómo va a ser capaz de liderar un proceso de autodeterminación? ¿No regía la misma ley en la legislatura anterior, y, sin embargo, por orden de los entonces consellers Joan Carretero y Xavier Vendrell, la bandera española no ondeaba en Governació? ¿Qué ha ocurrido para que se produzca este cambio? ¿Es menos catalanista la Esquerra actual que la de entonces o es más españolista Montilla que Maragall? Me temo que este interrogante sitúa a ERC al borde del precipicio, porque aunque opte lógicamente por la segunda opción le será difícil escapar a esta otra pregunta: ¿quién ha convertido a Montilla en presidente de Cataluña? He aquí una cuestión que perseguirá a ERC durante muchísimos años.

No hay duda, pues, de que el argumento de la legalidad no se sostiene; sobretodo si tenemos en cuenta la ausencia de la bandera catalana en los edificios estatales, el mantenimiento de monumentos franquistas en municipios gobernados por CiU, con la connivencia del PSC, o el incumplimiento de la ley de Política Lingüística según la cual todos los rótulos comerciales y las cartas de los restaurantes deben estar por lo menos en catalán. ¿Es que esa legalidad no cuenta? Digámoslo de otro modo: si ERC quiere ganarse el respeto de sus votantes, lo primero que debe hacer es retirar la bandera española de sus conselleries y recordar al Partido Socialista que no ha sido Cataluña sino Esquerra quien le ha dado la presidencia.

Es un mal negocio intentar captar votantes ajenos si por el camino, además de los propios, se pierde la dignidad. Tantos años criticando la política posibilista de CiU y ahora resulta que la dignidad es secundaria.

Berria , 19/12/2006 (euskara)
Nabarralde , 20/12/2006 (español, euskara)
radiocatalunya.ca , 21/12/2006 (catalán)
Racó Català , 24/12/2006 (catalán)
 
Selecciones nacionales, el umbral de la independencia Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dijous, 07 desembre 2006
Las selecciones nacionales de Cataluña y Euskal Herria serán una realidad mucho antes de lo que nos pensamos. Ya sé que, dada la situación actual, ese logro parece todavía muy lejano. Sin embargo, ¿cómo va a frenar el gobierno español la cada vez más poderosa demanda social en este sentido? Por la fuerza, no hay duda. Pero, ¿no es el uso de la fuerza en sí mismo un signo de debilidad?

Catalunya-EuskadiQuizá sea demasiado pronto para darnos cuenta, pero el partido de fútbol que se celebró el pasado 8 de octubre en Barcelona, entre las selecciones catalana y vasca, marcó un antes y un después en esta cuestión. Supuso el final de una etapa caracterizada por la dilación y la inseguridad y el principio de otra en la que la respuesta social a la represión española será mucho más contundente. Prueba de ello son las medidas arbitrarias que el gobierno español piensa tomar para impedir la exhibición de banderas independentistas y pancartas relativas al derecho a la autodeterminación. Y es que la presión social catalana y vasca es tan fuerte en el ámbito deportivo que sólo prohibiendo la libertad de expresión es posible ocultarla. Ya es curioso, aunque en absoluto sorprendente, que se persigan símbolos pacíficos y democráticos sin contenido xenófobo en el Camp Nou, y, en cambio, se permita ondear banderas españolas con escudos franquistas en los estadios de España.

Seleccions basca i catalanaEn todo caso, fue muy meritoria la actitud de la selección vasca en los actos previos al partido antes mencionado. Muchísimo más digna y valiente, además, que la catalana. Mientras el equipo técnico y los jugadores vascos, tras escuchar el himno de su país, no tuvieron ningún problema en posar junto a una pancarta que decía Ofizialtasuna (Oficialidad), los catalanes, cediendo a las presiones de la Federación Catalana, se limitaron a fotografiarse con una pancarta en la que aparecían diversas multinacionales. Realmente triste. De nada sirvieron los intentos de algunos jugadores por reivindicar de manera gráfica la oficialidad. Restándole importancia al hecho, Jordi Roche, presidente de la FCF, ha dicho que "los jugadores ya llevaban el logotipo de la plataforma pro selecciones en la camiseta". ¿Y dónde reside la incompatibilidad entre el logotipo y la pancarta?, cabría preguntarle. ¿Tanto miedo le tiene la FCF a España, que ni tan sólo es capaz de practicar la desobediencia cívica en uno de los pocos actos reivindicativos que celebra al año?

Que gran lección de coherencia dio ese día la selección vasca. Qué diferentes las declaraciones del lehendakari Juan José Ibarretxe de las de Pasqual Maragall. De hecho, Maragall aun habría sido aun más blando si Ibarretxe no se hubiese mostrado tan contundente: "Queremos tener una selección propia y jugar oficialmente con cualquier otra selección". Tras estas palabras, Maragall no tuvo más remedio que decir que las selecciones catalanas son "una obviedad desde el momento en que se aprobó en las Cortes españolas que Cataluña es una nación". Dejando aparte que no es cierto que el Estatuto reconozca Cataluña como una nación, lo que Maragall no dijo es que si Cataluña y Euskal Herria no pueden competir oficialmente con sus selecciones nacionales es porque su partido, el Partido Socialista, no lo permite. Estamos, por lo tanto, ante un acto de cinismo. El mismo cinismo que practica José Montilla cuando afirma "Soy partidario de ayudar a las federaciones deportivas a conseguir su reconocimiento internacional". No hay que olvidar que fue el gobierno de Rodríguez Zapatero, no el de Aznar, el que presionó a las más altas instancias internacionales -como denunciaron algunos de los presionados- para impedir el reconocimiento oficial de la Federación Catalana de Patinaje en las asambleas de Fresno y Roma.

Pero el elemento clave del proceso de emancipación deportiva que se ha iniciado está en la proyección internacional que conlleva. Quiero decir que no es la certeza de ver diezmada la selección española tras la fuga de deportistas catalanes y vascos a sus selecciones o la probabilidad de perder ante ellas lo que más preocupa a España. Sus verdaderos temores, y de ahí la coincidencia entre socialistas y populares, se centran en la oficialidad como generadora de conciencia nacional. Es por ello que no soportan la simbología que acompaña al Barça, por ejemplo, como substitutivo de la selección nacional de Cataluña.

Política y deporteCuando José Montilla -como tantos otros-, refiriéndose a las banderas y a las pancartas reivindicativas, dice que "no se debe mezclar política y deporte", está practicando un nuevo ejercicio de cinismo, ya que si el deporte no debe ser politizado, ¿por qué existen selecciones nacionales? ¿Por qué se magnifican los trofeos como victorias nacionales y suenan los himnos nacionales en los estadios? ¿Qué hacían el rey de España y Rodríguez Zapatero en el palco del estadio Saint-Denis, de París, en la final de la Liga de Campeones que jugó y ganó el F. C. Barcelona? Si tan altos dignatarios son aficionados al fútbol bien estará que se sienten en las gradas, mezclados con el público, en lugar de hacerlo en el palco politizando lo que, según ellos, no es más que un mero acontecimiento deportivo. Es más, si el Barça no es una selección y, por consiguiente, sólo se representa a sí mismo, ¿qué hacían los mencionados señores ese día en París y por qué desplazaron, con su presencia, al presidente de Cataluña a la segunda fila de personalidades?

Catalunya-EuskadiComo vemos, todo es una gran mentira destinada a frenar lo inevitable. Y lo inevitable es que, deporte a deporte, federación a federación, Cataluña y Euskal Herria terminarán participando en competiciones oficiales con su propio nombre y bajo su propia bandera. Y cuando llegue ese día, cuando la normalidad alcance los deportes de masas, el proceso hacia la independencia de ambos países será imparable. Hoy por hoy, no hay otra fuerza que sea capaz de generar un mayor sentimiento de pertenencia a una comunidad nacional diferenciada. Si no, ¿de qué tiene miedo España?

Berria , 31/10/2006 (euskara)
Nabarralde , 31/10/2006 (español)
Racó Català , 12/12/2006 (catalán)
 
Catalanismo 69, españolismo 54 Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dilluns, 13 novembre 2006
Catalanismo 69, españolismo 54Es muy posible que muchas personas se sientan decepcionadas ante el resultado de las recientes elecciones catalanas, sobretodo si tenemos en cuenta que las encuestas y la prepotencia de Convergència i Unió crearon un espejismo que hacía presagiar una victoria de esta fuerza política en torno a los 52 escaños. Lo cierto, sin embargo, es que se ha quedado con 48, sólo dos más que en la legislatura anterior, y que ha perdido noventa mil votos. Su victoria, por lo tanto, tiene un sabor amargo que sólo la espectacular caída del Partido Socialista, con una pérdida de 5 escaños y de casi un cuarto de millón de votos, permite dulcificar. Sin esa derrota del PSC, el estrepitoso fracaso de CiU habría resultado mucho más visible todavía. Aun así, quisiera hacer notar dos cosas. Una: que el catalanismo no ha cedido terreno, ya que el número de escaños a repartir entre ERC y CiU sigue siendo el mismo de antes; y dos: que la gran abstención –un 43%- y el voto en blanco –60.000- indican que hay un sector soberanista de la sociedad catalana que ha castigado estas dos opciones políticas. A CiU por la traición del pacto Mas-Zapatero y a ERC por haber entregado la presidencia de Cataluña a un partido españolista como el PSC. Pero hay una lectura más, y es que el soberanismo crece en Cataluña como lo demuestra la consolidación del voto independentista. Si hubiesen tenido razón quienes decían que la mayoría de los votos de ERC en el 2003 –que pasó de 12 a 23 diputados- procedían de CiU, ¿cómo es que ahora, a pesar de la feroz campaña mediática en contra, sólo ha perdido dos? Otro aspecto a destacar es que el catalanismo, con 69 escaños, supera al españolismo, que sólo tiene 54. Incluso sumando los 12 de ICV se queda por debajo. Qué lejos podrán llegar ERC y CiU juntas el día que se lo propongan.

Todo ello abre un horizonte muy interesante aunque incierto. Interesante, porque el independentismo no sólo está consolidado sino que es una fuerza en alza; incierto, porque ERC, con peso específico en el Parlamento, genera muchas antipatías en el resto de las fuerzas políticas. ERC molesta a CiU porque despierta la conciencia nacional de Cataluña y desnuda el programa regional-victimista de esta formación, y molesta también a PSC, PP y a Ciudadanos, porque muestra lo que realmente les une: la imposición a ultranza de la nación española. La lucha, por consiguiente, se entabla entre el nacionalismo defensivo de ERC, la cobardía de CiU y la hispano-adicción del resto. Si a ello añadimos el odio visceral que ERC despierta en España, se comprende que una de las condiciones del pacto Mas-Zapatero fuese la exclusión de los independentistas del poder y la suma de esfuerzos para desacreditarles políticamente. Sin embargo, opino que Esquerra se ha equivocado pactando de nuevo con el PSC. Se ha equivocado porque un sector de sus bases y de buena parte de la sociedad catalana no entenderán que haya pactado con el partido que la expulsó del gobierno y que haya hecho presidente al hombre que dijo que los derechos históricos de Cataluña no existen. Es una simple cuestión de principios, y la factura más inmediata llegará con las elecciones municipales.

Pero también se equivocan quienes piensan que el objetivo de Esquerra es la destrucción de CiU. Es cierto que ahora hay un flujo de votos entre estas dos formaciones, pero ello sólo es debido a la anormalidad en la que vive la segunda. Bastaría que CiU abrazase la independencia para que los votantes de ambos partidos quedasen claramente delimitados. CiU encarnaría la derecha moderada nacionalmente consecuente, y ERC tendría la hegemonía de la izquierda con los mismos objetivos nacionales. Por lo tanto, aunque muchos soberanistas de derechas no lo crean, el enemigo a quien ERC espera batir muy pronto no es CiU, sino el PSC. Ese es el verdadero objetivo de los republicanos: convertirse en la izquierda nacional y dejar al PSC como una fuerza residual defensora de los intereses de la izquierda nacionalista española. El día en que ese sea realidad, gracias al voto desacomplejado de la gente joven, Cataluña estará a un paso de su normalización política.

Mientras tanto, desgraciadamente, la política catalana continuará en manos de quienes necesitan ir al notario para dar verosimilitud a unas promesas en las que nadie cree y también en las de aquellos que han convertido Cataluña en una simple comunidad autónoma gobernada desde la Moncloa. Esta es una de las razones de la gran abstención y del voto en blanco, el desencanto ante un gobierno que no puede gobernar. Y en esto último tiene una gran responsabilidad ERC. Esquerra se queja de la españolización de la política catalana, y no le falta razón, pero debe asumir que ha sido su falta de carácter, su tibieza ante los socialistas, lo que ha llevado a Cataluña a esta situación. ¿O es que es suicidándose, como ERC piensa ocupar el lugar del PSC?

Tener la llave de la política catalana es muy útil, no hay duda, pero el beneficio de ese privilegio no está en la posesión sino en el uso de la llave. Del mismo modo que la facultad de hablar engrandece la sabiduría del silencio, también la oportunidad en el uso de la llave indica la inteligencia de quien la posee. Quiero decir con ello que no es necesariamente desde el poder como ERC conseguirá convertirse en la fuerza que ha de gobernar Cataluña, sino dejando que sean sus adversarios -los mismos que han jurado que el nuevo Estatuto es la solución a todos los problemas de los catalanes- quienes, atrapados en la mentira, se ahoguen en su propia incontinencia verbal.

En cuanto a la presencia en el Parlamento de la formación catalanofóbica Ciudadanos, creo que, si se me permite la ironía, es una de las mejores notícias de los últimos años. Significa que el independentismo catalán comienza a ser una fuerza tan poderosa que ya intimida y preocupa seriamente a quienes están en contra. Así ha ocurrido siempre en todos los procesos de emancipación nacional y así será también en Cataluña. Que la culminación de ese proceso llegue pronto, dependerá de la capacidad de CiU para darse cuenta de que en la cobardía se halla el germen de su destrucción.

Berria , 9/11/2006 (euskara)
Racó Català , 14/11/2006 (catalán)
Nabarralde , 16/11/2006 (español)

 
La manipulación política de Frankfurt 2007 Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dilluns, 16 octubre 2006
La manipulació política de Frankfurt 2007La presencia de la literatura catalana como invitada de honor en la Feria de Frankfurt-2007, será una gran oportunidad para los Países Catalanes. Es la feria literaria más importante del mundo, mucho más que la mejicana de Guadalajara, y, por lo tanto, la proyección internacional que supone es extraordinaria. Si a ello le añadimos que la literatura catalana forma parte de una cultura minorizada y que esa minorización es fruto de la hostilidad de sus dos poderosas vecinas, la española y la francesa, la invitación no puede ser más oportuna.

Esa invitación, sin embargo, como no podía ser de otra manera tratándose de una nación sin Estado, se ha convertido en una fuente de conflictos y ha sacado a la luz las miserias que conlleva toda subordinación excesivamente prolongada a la voluntad de un tercero. Ignoro cómo se resolverá esta situación el año en que las invitadas de honor sean las letras vascas, pero sus autores y su gobierno deberían ir pensando en ello para no caer en debates absurdos y ofrecer espectáculos tan patéticos como el que ahora tiene lugar en Cataluña. Ciertamente, no es ninguna novedad que una de las trampas en las que caen todas aquellas personas y pueblos que carecen de reconocimiento jurídico es la justificación. Unas y otros gastan altos grados de energía recabando datos, pruebas, razonamientos, etc., con el fin de convencer al mundo de que su existencia es real.

Digo esto, porque el debate sobre si a Frankfurt deben ir solamente los autores que escriben en catalán o también los que lo hacen en español es fruto de una trampa semántica, tendida por el Partido Socialista, con dos objetivos: colocar a "sus autores" -que, en general, son la inmensa mayoría de los que escriben en español- y frustrar toda proyección internacional de Cataluña diferenciada de España. La trampa, por consiguiente, consiste en cambiar "letras" por "cultura". De ese modo, lo que es irrefutable en el primer caso -que las letras catalanas son únicamente las que están escritas en catalán- pasa a ser objeto de debate en el segundo. ¿Percibe el matiz, el lector?

Para hacerlo más comprensible, citemos a tres personajes cuyo lugar de nacimiento no concuerda con la lengua de su obra: el vasco Miguel de Unamuno, el occitano Georges Brassens y el griego Georges Moustaki. ¿Cuál ha sido la contribución de esos autores a las lenguas de sus países de origen? Ninguna, ciertamente, porque la lengua en la que han escrito su obra ha sido otra. Unamuno lo ha hecho en español y Brassens y Moustaki en francés. Estamos hablando, pues, de autores cuya obra ha enriquecido el patrimonio de las letras españolas y francesas, pero que no ha significado absolutamente nada para las letras vascas, occitanas y griegas.

Otro ejemplo, en este caso catalán, lo tenemos en autores como Tísner o Pere Calders, que vivieron veinte años exiliados en Méjico. Para ganarse la vida escribieron cosas diversas en la lengua de aquel país, pero nunca dejaron de hacer literatura en catalán. Así pues, sus trabajos en español no son patrimonio de las letras catalanas del mismo modo que sus obras en catalán no lo son de las españolas. No admitir esa evidencia nos llevaría al absurdo de decir que libros como Paraules d'Opoton el vell y Prohibida l'evasió, de Tísner, o Cròniques de la veritat oculta y Gent de l'alta vall, de Calders, son literatura y cultura mejicana.

Tiene gracia, además, que aquellos autores catalanes que han optado libremente por la lengua poderosa, la española, con el fin de "abrirse", dicen, pero ocultando el móvil económico, pretendan ser invitados de honor el mismo año en que lo es la lengua que menospreciaron. Y si no es así, salvo las honrosas excepciones de Javier Cercas y Juan Marsé, ¿a qué viene ese silencio cómplice ante el plan del PSC, consistente en mostrar las letras catalanas como un subsistema pintoresco de las letras españolas?

Dice José Montilla que "no se debe marginar a los creadores catalanes que se expresan en castellano". Caramba, ahora resulta que los marginados son los poderosos. El pretexto, claro, es que en Cataluña hay muchas personas cuya lengua materna es el español. Muy bien, ¿y qué? ¿Qué tiene eso que ver con la invitación a una literatura? En Cataluña se hablan 300 lenguas. ¿Significa, eso, que son 300, las lenguas que deberán ser invitadas de honor? ¿No será que el ministro Montilla -cosa preocupante para alguien que se proclama de izquierdas- considera que la suya es una lengua superior y que las otras son lenguas inferiores? Él, probablemente, responderá que las otras no son lenguas oficiales y que, por lo tanto, no pueden ser conceptuadas del mismo modo. Pero, ¿y por qué no? ¿No habíamos quedado que el PSC no es un partido nacionalista? ¿A qué viene, de pronto, esa defensa tan visceral de la nación española? Es más, si la lengua española forma parte de Cataluña, dado que viven en ella muchos hispanohablantes, y Cataluña, según el PSC, es España, ¿cómo es que no son también españolas y oficiales las otras 298 lenguas maternas de los miles de ciudadanos que viven en esa parte de España?

Tal incongruencia nos demuestra a que extremos llega la manipulación política en esta cuestión, por medio de argumentos burdos e insostenibles que jamás podrían imponerse si no fuera porque cuentan con la fuerza de un aparato estatal. Y es que la ocultación nacional de Cataluña, como la de Euskal Herria, es para España una razón de Estado. De ahí que esté dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de impedir que el mundo sepa que, dentro de lo que ella considera su territorio, hay personas que viven felizmente las 24 horas del día sin pensar, sin hablar y sin escribir en español. Para alguien que en tierras de ultramar aniquiló cuantas lenguas encontró, con el fin de imponer la suya, la pervivencia desafiante del catalán y del euskera en suelo peninsular es una humillación insoportable.

Berria , 16/7/2006 (euskara)
Nabarralde , 21/7/2006 (español)
Racó Català , 11/10/2006 (catalán)
El Punt , 13/10/2006 (catalán)
normalitzacio.cat , 16/10/2006 (catalán)
Eurotribune.net , 18/10/2006 (catalán, inglés, español, francés)
 
Ahora toca Bruselas Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
diumenge, 10 setembre 2006
Brussel·lesNo hay crecimiento sin sufrimiento. Todos los procesos de aprendizaje, de maduración y de emancipación individual o colectiva son lentos, difíciles y llenos de momentos de desencanto. La historia nos dice que casi siempre todo gran avance, ya sea político, científico o social, va precedido de una o de diversas dilaciones. Es improbable que una meta plenamente alcanzada no haya requerido antes la inteligencia de saber dar un paso atrás en el momento oportuno. Y eso es así, porque no hay líneas rectas en los caminos de la vida. Toda meta humana es inalcanzable sin la capacidad de reconocer las propias limitaciones. Y los catalanes y los vascos, es bien sabido, tenemos nuestras limitaciones. Algunas son idiosincrásicas, forman parte de nuestra naturaleza, otras son fruto de la adversidad, responden a hechos puntuales. De todos modos, esas limitaciones, por más que lo parezcan, no son un enemigo añadido a nuestra subordinación nacional. No lo son porque quienes nos quieren subordinados también tienen sus limitaciones; quienes se nos declaran superiores y nos dicen que no somos nadie para decidir por nosotros mismos, también están, mal que les pese, irremisiblemente subordinados a su propia naturaleza. Esta es la sabia ironía de la vida, la que nos recuerda no sólo nuestra vulnerabilidad sino también la de nuestros enemigos.

Por eso mismo carece de sentido que el pueblo vasco caiga en la trampa de un nuevo Estatuto que, como el de Cataluña, probablemente constituirá un fraude y una legitimación de la hegemonía española. Hay un infantilismo enfermizo en toda lucha titánica por mejorar las condiciones de vida en un internado en lugar de abandonarlo. Es como si el luchador encontrara más cómodo batallar contra sí mismo que contra su opresor. A muchos pueblos subordinados les ocurre lo mismo. No se dan cuenta de que cuanto más irrealizable les parece la independencia nacional más se reafirma en su interior la falsa certeza de esa impotencia. La independencia, sin embargo, no es un premio que un padre omnipotente concede por buena conducta, la independencia es un derecho que ejerce todo ser humano cuando se convierte en adulto o toda colectividad nacional cuando toma conciencia de que la igualdad entre los pueblos no es posible sin el respeto por su singularidad. Pero, ¿dónde está la autoconciencia, si una nación accede a subordinar la voluntad de su Parlamento a la de otro Parlamento?

No es necesario reflexionar demasiado para comprender que nación y Estatuto son términos contradictorios. Las naciones adultas no tienen Estatuto, les naciones adultas tienen Constitución. Pero ¿dónde está la Constitución vasca? ¿Dónde está el documento que avala su personalidad jurídica? ¿Dónde está la Carta Magna que la equipara en derechos y deberes a las otras naciones soberanas del mundo? Euskal Herria no tiene nada de eso, y no lo tiene porque el intento de sus vecinos de convertir en españoles a los vascos del sur o en franceses a los vascos del norte se mantiene inalterable a lo largo del tiempo. No importa quien gobierne en España o en Francia, todos sus gobiernos, absolutamente todos, han tenido y tienen un objetivo común: la desaparición del pueblo vasco como identidad nacional diferenciada.

Manifestació del 18 de febrerPor todo ello, es preciso que los vascos con conciencia nacional guarden las diferencias que les dividen hasta el día siguiente de la independencia y se concentren en conseguir la internacionalización de su conflicto político. La manifestación del pasado 18 de febrero en el centro de Barcelona y la del 1 de abril en el centro de Bilbao fueron un gran éxito, ciertamente, pero ya son historia. Ahora toca Bruselas, ahora toca Estrasburgo. La próxima manifestación multitudinaria de reivindicación nacional debe ser catalanovasca y ante las instituciones europeas, porque es allí, en calidad de europeos, donde catalanes y vascos debemos recordar a los demócratas de todo el mundo que la Asamblea General de les Naciones Unidas aprobó una resolución según la cual “El derecho de los pueblos y de les naciones a decidir por sí mismos es una condición previa a la aplicación de todos los derechos fundamentales del ser humano”.

Si no somos capaces de subordinar nuestros intereses personales o de partido, Cataluña y el País Vasco jamás recuperaran su independencia. Basta, pues, de divisiones internas, basta de malgastar energía midiendo el grosor de la legitimidad de cada cual. Lo verdaderamente importante no es que Cataluña o Euskal Herria sean de izquierdas o de derechas, sino que sean libres para decidir que quieren ser. Y es en ese objetivo que debemos concentrar toda nuestra fuerza para conseguir la cohesión de las naciones sin Estado de la Unión Europea, una cohesión de naciones que se exprese con una sola voz en el Parlamento de Estrasburgo. Hablo, por tanto, de cohesión interior y de cohesión entre Euskal Herria y los Países Catalanes, de cohesión con Galicia, Escocia, Gales, Flandes, Córcega, Bretaña, Irlanda del Norte..., hablo de unidad de objetivos y de unidad de criterio para alcanzarlos. Esta es la clave de nuestra fuerza, y el día que la ejerzamos será tan poderosa que nos parecerá increíble que una cosa tan elemental no se nos hubiera ocurrido antes.

Francia y España se encuentran al final de su historia imperial. No importa que no quieran darse cuenta de ello: su ciclo vital está llegando a su fin, y con su muerte nace otro ciclo que será su antítesis. Será un ciclo marcado por el declive de los Estados imperiales y la aurora de los pueblos pequeños y verdaderos. Y entre esos pueblos, no nos quepa la menor duda, estarán Euskal Herria y los Países Catalanes.

Berria , 15/9/2006 (euskara)
Nabarralde , 15/9/2006 (español)
Racó Català , 19/9/2006 (catalán)
Eurotribune.net , 26/9/2006 (catalán, inglés, español, francés)
 
El Barça, reflejo de una anormalidad política Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dilluns, 28 agost 2006
La Senyera más grande del mundo, en el Camp NouLos Países Catalanes son tierra de preguntas recurrentes. La incapacidad que hemos demostrado para solucionar nuestros problemas a lo largo de los siglos nos empuja continuamente a debatir cuestiones que los pueblos normalizados ya hace tiempo que dejaron atrás. Nos interrogamos día tras día sobre nuestra identidad, nuestra lengua, nuestros derechos, nuestros símbolos... Sólo por ello, por la necesidad vital de salir de una vez de este círculo vicioso profundamente insano, ya estaría justificada la recuperación de nuestra independencia política. El Barça, está claro, no es ajeno a todo eso. La prueba es que pasan los años pero el debate sobre su dimensión extradeportiva se mantiene inalterable. Y, así mismo, no importa que la evidencia que el Barça es más que un club haya sido razonada y explicitada por diferentes pensadores en artículos, libros o tesis doctorales; no importa, porque nuestra inmadurez colectiva se caracteriza en dar vueltas siempre al mismo tema haciendo ver que reflexionamos, cuando en realidad sólo pretendemos ganar tiempo para no tener que tomar ninguna decisión.
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El día siguiente de la independencia de Euskal Herria Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dilluns, 07 agost 2006
El día siguiente de la independencia de Euskal HerriaHay vascos que se dedican a criminalizar el independentismo y que, de paso, se rinden homenaje a sí mismos. Son aquellos vascos que una vez a la semana comen con Dios y le invitan a una copa. De hecho, son unos grandes comediantes. Les encanta hacernos creer que son la encarnación de la divina clarividencia. La realidad, sin embargo, es que cuando terminan la función y se quedan solos, les atenaza el miedo. Inseguros como un bebé, estos vascos viven inmersos en el autoodio, un autoodio que les lleva a afirmar, ya sea en artículos, tertulias o debates, que a la mañana siguiente del día en que Euskal Herria se separase de España, el Athletic de Bilbao o la Real Sociedad continuarían en la liga española, Euskal Telebista continuaría teniendo referentes españoles y los vascos recibirían al nuevo año escuchando las campanadas de la Puerta del Sol.
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El menosprecio de Andorra a Cataluña Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dimarts, 11 juliol 2006
El menyspreu d’Andorra a CatalunyaQue las autoridades andorranas no sienten la más mínima simpatía cultural ni política por Cataluña es cosa sabida. De hecho, tal vez porque se sienten superiores, sus simpatías las guardan para España. Eso de poder hablar de tú a tú con un Estado las hace sentirse muy importantes hasta el punto que, en público y en privado, se ríen de las llamadas naciones sin Estado. Es lógico, las autoridades andorranas están a otro nivel. Tener una silla y una bandera en Naciones Unidas no es poca cosa. Por ello también se oyen más realizadas cuando viajan a Madrid para hablar con ministros que cuando lo hacen a Barcelona para hablar con consejeros. Al fin y al cabo, ¿Qué es un consejero? ¿Y qué es una nación sin Estado? Las autoridades andorranas hacen alta política, y las legítimas aspiraciones catalanas de ver reconocidos sus derechos nacionales les provocan hilaridad. Cosas de pueblos infantiles, ya se sabe. Los jefes de gobierno de los pueblos adultos, en cambio, viajan a Madrid, centro del universo, y se inflan cada vez que les dan unos golpecitos en la espalda y los dejan apoyar los pies sobre la mesa. A cambio, durante el Mundial de fútbol, el gobierno andorrano invade la frecuencia del Canal 33 de Televisión de Cataluña y la da a un canal español como La Sexta para que Andorra entera pueda vibrar de emoción con los partidos de la selección española. Así es como un gobierno obediente y sumiso demuestra que nada lo haría más feliz que dejar de ser Estado para convertirse en una comunidad autónoma de España.
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Prisioneros del sí Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
divendres, 23 juny 2006
Prisioneros del síEl PP y el PSOE han sido los grandes triunfadores del referéndum celebrado en Cataluña. Sólo ellos pueden atribuirse el éxito del resultado. De hecho, nadie ha contribuido tanto a la victoria del sí como el Partido Popular. Suyo es, pues, el mérito de la derrota del no, y justo será que el PSOE, aunque sea en privado, se lo reconozca. Su portentosa interpretación del español horrorizado ante la inevitable ruptura de España ha constituido el mejor aliado del sí en todo el proceso estatutario. El PSOE necesitaba presentar como un gran avance lo que no es más que la equiparación de Cataluña con Ceuta y Melilla, y el PP, con sus aspavientos y sus llamadas a la unidad de España, le ha permitido salirse con la suya. ¿O es que alguien cree que hubiera sido posible un triunfo del sí con un Partido Popular cantando las excelencias del nuevo Estatut? Queda claro, pues, que todo estaba atado y bien atado.
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El claudicante siempre dice sí Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
diumenge, 04 juny 2006
El claudicante siempre dice síLa asertividad es un término utilizado en psicología para definir el comportamiento afirmativo. Una persona asertiva es aquella que no teme expresar su opinión o sus deseos en cualquier circunstancia y que ofrece una gran resistencia a la presión social. La persona no asertiva, en cambio, se caracteriza por hacer todo lo contrario. Aunque no desee hacer lo que le piden siempre termina cediendo para no importunar a su interlocutor. Este comportamiento también es extensible a las colectividades, especialmente aquellas cuya voluntad se encuentra subordinada a la voluntad de otra colectividad. Cataluña ha ofrecido recientemente un magnífico ejemplo de ello a raíz de la negociación del Estatut. Lo que han hecho sus dirigentes, negociando por separado el texto que la sociedad les pidió que defendieran juntos, ha sido un espectáculo plagado de situaciones de un infantilismo ridículo, más propias de envidias y jactancias de colegiales que de miembros de un Parlamento. Y es que toda la simpatía que sentimos cuando observamos a los niños jugando a ser adultos se transforma en vergüenza ajena cuando los observados son adultos comportándose como niños. El problema es grave porque mientras la madurez en los primeros es cuestión de tiempo, en los segundos denota regresión.
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El fraude de los claudicantes Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dilluns, 24 abril 2006
El frau dels claudicantsA medida que en Cataluña se ve más próxima la fecha del referéndum del Estatut, los tres partidos favorables al sí, PSC, CiU e ICV, aumentan la presión sobre Esquerra Republicana para que cambie el sentido de su voto y se incorpore al pelotón de los claudicantes. Lo han probado todo, desde la descalificación y el insulto hasta la coacción y la amenaza. Es tanto lo que se juegan esos partidos que están dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de protegerse ante el juicio de la historia. Y es que la campaña de criminalización que han organizado, con la ayuda de la prensa afín, no es más que el fruto de una alarmada impotencia, el recurso desesperado de quienes necesitan servirse de la mentira y de la difamación para destruir a aquél que puede ponerles en evidencia.

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"Tirant lo Blanc" y el autoodio de Vicente Aranda Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dissabte, 22 abril 2006
ImageRealmente no puede ser más insignificante y anodina esta versión cinematográfica del héroe de Joanot Martorell con batallas poco trabajadas y un actor protagonista, Caspar Zafer (Tirant), incapaz de transmitir la más mínima emoción. Son Leonor Watling, Ingrid Rubio y Victoria Abril las únicas que, de hecho, dan una cierta entidad al filme, ya que Giancarlo Giannini y Jane Asher, en los papeles del emperador y la emperatriz de Bizancio, se pasean por la pantalla como almas en pena a la búsqueda de un director que ame la historia que explica en vez de usarla para canalizar sus fobias.
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¿Quién vigila al torturador? Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
divendres, 31 març 2006
Tortura No“No es cierto que en España se torture”, me decía un amigo madrileño votante socialista, “estamos en un Estado democrático y los detenidos tienen derechos constitucionales inviolables y disfrutan de las garantías de las instancias internacionales”. “¿Y qué ocurre con los presos políticos que han denunciado haber sido víctimas de torturas y malos tratos?”, le pregunté yo. “Mienten de oficio”, respondió.

Mi amigo pertenece a esos millones de personas que estaban en contra de la participación española en la guerra de Irak y que se indignaron cuando salieron a la luz las torturas practicadas por militares norteamericanos en la prisión de Abu Graib. También se escandalizó ante las torturas norteamericanas en Guantánamo, las encuentra repugnantes. Yo comparto su opinión. Sin embargo, ¿por qué le merecen mayor credibilidad las denuncias sobre Abu Graib y Guantánamo que las que aluden a Intxaurrondo, por ejemplo? ¿Por qué, sin haber estado en ninguno de esos tres centros, le resultan más creíbles los dos primeros que el tercero? Su respuesta fue ésta: “Porque de las torturas norteamericanas hay testimonios gráficos y de las españolas no.”
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El Estatuto de la Resignación Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
diumenge, 05 març 2006
 L'Estatut de la ResignacióComo catalán he asistido al espectáculo bochornoso de la clase política de mi país en la negociación del nuevo Estatuto y he sentido vergüenza ajena al constatar su grado de inmadurez e incompetencia. Ha sido muy triste comprobar hasta qué punto la falta de escrúpulos, la cobardía, la indignidad y el afán de poder de unos pocos pueden conllevar la humillación de todo un pueblo. Ahora, por desgracia, el único consuelo que le queda a Cataluña es la certeza de que la historia ya ha congelado para siempre la fotografía del Pacto de la Resignación. Porque eso es justamente lo que consagró el apretón de manos entre Mas y Zapatero el pasado 21 de enero: el Estatuto de la Resignación.

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El odio a Cataluña Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dijous, 17 novembre 2005
El odio a CataluñaEn la Alemania de los años 30 del siglo XX, tras el ascenso democrático de Hitler al poder, el antisemitismo se extendió por todo el país con la colaboración inconsciente de todos aquellos alemanes de buena fe que se negaban a reconocer la existencia de una bomba de relojería en el seno de la sociedad alemana. Sin embargo, el antisemitismo existía y la bomba estalló. Fue entonces, en 1942, cuando comenzó la "solución definitiva de la cuestión judía" cuyas consecuencias, con seis millones de víctimas, son de sobras conocidas. Aun así, con un desprecio absoluto por los supervivientes de aquella atrocidad, cada día surgen más comunicadores e intelectuales que practican el negacionismo nazi en un intento de maquillar los hechos. Pertenecen a la misma clase de seres que practican el negacionismo franquista. Según ellos, el terror nazi no fue más que una sugestión judía y el terror franquista un juego de niños. La diferencia entre ambos terrores, es que mientras el nazismo en Alemania está perseguido el franquismo en España está protegido.

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Soberanía o subordinación Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dissabte, 17 setembre 2005
Image¿Cómo se comportarían los españoles en el seno de un hipotético Estado navarro, catalán o portugués? ¿Asumirían dócilmente su subordinación a las decisiones de Iruña, Barcelona o Lisboa? ¿Aceptarían con naturalidad que la voluntad expresada por su Parlamento estuviese sometida a la voluntad de un Parlamento "superior"? ¿Tendrían partidos independentistas? ¿Considerarían legítima la lucha armada para lograr la recuperación de sus libertades? Son preguntas complejas, ciertamente, pero convendría que en España alguien hiciese el sano ejercicio de formulárselas.

La observación objetiva del otro es un magnífico antídoto contra el absolutismo y la cerrazón. Para profundizar en estas y otras muchas cuestiones recomiendo encarecidamente el libro Soberanía o subordinación (Pamiela, 2005), de Tomás Urzainqui. "Una sociedad democrática precisa de un Estado soberano propio", nos dice, "Para que el Estado sea libre es necesario que la ciudadanía sea libre. Para que la sociedad civil sea libre y democrática es preciso que su sistema jurídico sea libre y soberano. No hay democracia sin sociedad soberana". Este razonamiento es una constante a lo largo del libro porque es en la comprensión de ese pequeño detalle, como si de un principio matemático se tratara, donde se halla la clave de todo. También nos dice que difícilmente puede ejercer sus derechos aquel que no es consciente de su existencia o aquel que no percibe los trágicos efectos de la minorización a que le somete un tercero.

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Los delirios de Maragall Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dijous, 18 agost 2005
MaragallDecir que Cataluña es uno de los países en los que el sentimiento de culpabilidad está más extendido es casi una obviedad. Es la consecuencia lógica de tres siglos de colonización política, social y cultural. No hay ninguna persona ni pueblo que resista la frustración constante de sus anhelos ni la humillación sistemática de su personalidad. La pasividad cómplice del gobierno catalán y de una parte de la ciudadanía ante el proceso de sustitución de la lengua catalana son una prueba de ello. De ahí que el complejo de culpa haya terminado por convertirse en un rasgo de la identidad nacional de Cataluña y que el acto de pedir perdón forme parte de la cotidianeidad de los catalanes. Lo hizo Jordi Pujol en diversas ocasiones, lo ha hecho Pasqual Maragall al llegar a la presidencia y lo ha hecho también Josep-Lluís Carod-Rovira. Recordemos, de este último, sus famosas disculpas por haber manifestado que Madrid, la capital de un Estado que se comportó tan antideportivamente en Fresno, coaccionando a los países que iban a votar a favor de la selección nacional catalana, jamás debería ser sede de unos Juegos Olímpicos. Pues bien, a pesar de que estas palabras respondían a un sentimiento generalizado en Cataluña -hasta el punto de que la candidatura de Londres-2012 contaba con miles de voluntarios catalanes-, Carod pidió perdón.

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Pedagogos del autoodio Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
divendres, 22 juliol 2005
ImageUno de los mayores peligros de toda subordinación prolongada es que incapacita psicológicamente a la víctima frente a las agresiones que padece. Con el paso del tiempo, los nudos que la atan al dueño de su vida se multiplican y el proceso de inferiorización continua. Por ello no es extraño que a menudo sea la propia víctima quien defienda subrepticiamente al agresor enalteciendo sus ocultos e incomprendidos valores. Casi siempre se trata de una defensa disfrazada de voz de la conciencia cuyo objetivo es recordarse a sí misma que el mundo es imperfecto y que también ella tiene defectos, no sólo el agresor. Así, cada vez que alguien señala a éste con el dedo o intenta despertar la dignidad del sometido, surge inmediatamente la voz llamando al orden y a la moderación. La víctima debe ser ecuánime frente al agresor ya que la privación de libertad que éste le impone es tan sólo el lado malo de su personalidad; una personalidad, en realidad, pletórica de valores humanos, fraternos y democráticos. Lo cierto, sin embargo, es que no estamos frente a una voz de la conciencia sino frente a alguien que es incapaz de confesarse a sí mismo la inmensa dependencia emocional que tiene de aquel que regula su vida. El embeleso que siente por él es tan grande que a fuerza de ponerse en su lugar termina hablando como él y convirtiéndose en su mejor defensor.

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La ilegalización del Partido Popular Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dijous, 23 juny 2005
La il·legalització del Partit PopularHoy en día son muchos los jóvenes u observadores extranjeros que se preguntan cómo es posible que Franco muriese octogenario y en la cama. Si las calles españolas estaban tan llenas de demócratas y de defensores de las libertades como se dice, ¿cómo es que su régimen duró casi cuarenta años y tuvo una vida tan cómoda? Son preguntas con sentido común, porque es evidente que hay algo que no encaja. Siempre se ha justificado la pasividad del pueblo español con el miedo, pero no fue el miedo lo que dio longevidad a aquel régimen sino las inconfesadas simpatías que despertaban en la sociedad española algunos de sus principios. Al leer esto, muchos españoles de izquierdas se escandalizarán. Al fin y al cabo es cierto que había una España antifranquista con vocación democrática que anhelaba recuperar las libertades, pero no por ello era menos nacionalista que Franco. Al contrario, su concepto de patria coincidía plenamente con los ideales que el dictador imponía, la prueba es que el más importante de sus principios fundamentales, la sagrada unidad de España, sigue vigente entre aquellos que se proclaman demócratas de toda la vida y enardecidos luchadores antifranquistas.
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La ikurriña de Leitza Imprimeix Correu-e
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per Víctor Alexandre   
dimarts, 17 maig 2005
LeitzaEl pasado 30 de abril estuve en Leitza y fui testigo de la colocación de dos ikurriñas en la casa consistorial, una en la parte superior del edificio y la otra en el balcón, junto a las de Nafarroa y Leitza. Fueron leitzarras quienes llevaron a cabo la acción como preámbulo de la manifestación que tuvo lugar unas horas después para reivindicar que se respete la decisión que el Pleno adoptó en 1997, en el sentido que la ikurriña ondeara permanentemente en el Ayuntamiento. Aquel Pleno, además, no hizo otra cosa que reafirmar políticamente algo que, al fin y al cabo, a pesar de las reiteradas incursiones de la Guardia Civil, ya era una realidad desde 1976: la presencia de la bandera nacional vasca en la sede del gobierno municipal. Por eso llama la atención que sea precisamente una fuerza como Aralar, que dice defender los derechos nacionales de Euskal Herria, quien, retirándola, haya actuado con la misma diligencia que la Guardia Civil.

Es cierto que existe un requerimiento judicial según el cual se advierte al alcalde que si no cumple lo establecido por la Ley de Símbolos de Nafarroa se expone a medidas penales por desacato, pero también lo es que esa Ley fue impulsada en marzo de 2003 por UPN, una fuerza que es hija ideológica del franquismo. No se entiende, por lo tanto, que Aralar sea tan escrupulosa en el cumplimiento de una legalidad de raíz dictatorial y tan indiferente a la voluntad democrática y mayoritaria de la población. Es realmente escandaloso que transcurridos treinta años desde la muerte del padre espiritual de UPN, el partido de Miguel Sanz, una fuerza residual en Leitza, pueda permitirse la persecución de la bandera que simboliza no sólo la lucha antifranquista sino también la libertad de Euskal Herria.

Tiene razón Aralar cuando recuerda que la ley anterior, aprobada en 1986, no prohibía específicamente la colocación de la ikurriña y que fue Miguel Sanz quien propuso la supresión de las subvenciones a los ayuntamientos que la izaran. Esta medida, finalmente, no triunfó y se establecieron castigos para los alcaldes de los consistorios que desobedecieran los requerimientos judiciales. Así es la legalidad vigente. Pero Aralar debe saber que una cosa es la legalidad y otra la legitimidad, una cosa es la ley y otra la justicia. Y la prohibición de la ikurriña en un territorio de Euskal Herria será legal pero no es justa. Con lo cual toda subordinación a esa prohibición, por muy grande que sea la amenaza, carece de sentido. Nada debe ser más importante para un alcalde que la opinión de sus ciudadanos, y los ciudadanos de Leitza ya se han pronunciado sobre la bandera de Euskal Herria. Se pronunciaron pacífica y democráticamente a través de las urnas y sus votos fueron ilegalizados por el sólo hecho de defender ideales desafectos al nacionalismo español. Lo dice el ministro José Bono: "A la gente que no ama a España se la debería enviar...". Asustado, quizás, ante sus propias palabras, no osa terminar la frase, pero ya ha revelado mucho más de lo que deseaba.

José Bono, que comparte con UPN no sólo la nostalgia de un pasado reciente sino la voluntad de dilatarlo hasta convertirlo en presente, es un abanderado vocacional de los principios fundamentales del negacionismo franquista: no existe la nación vasca, no existe la nación catalana, no existe en el Estado español más bandera nacional que la bandera de España. Y es que hay algo que no se dice -no sería políticamente correcto-, pero que marca un abismo psicológico entre España y las naciones catalana y vasca. Me refiero a la incompatibilidad natural de sus respectivas banderas. Para la primera, la simple visión de la ikurriña o de la senyera supone la constatación de un fracaso imperial, la frustrante imposibilidad de españolizar unas naciones geográficamente más próximas que las que en su día sometió en ultramar; para las segundas, la enseña española evoca algunas de las taras más deleznables de la naturaleza humana: el afán de dominación, el desprecio por la identidad del otro y la destrucción de su lengua y cultura. Estamos hablando, pues, de símbolos demasiado antagónicos para que puedan compartir el balcón de un mismo ayuntamiento sin despertar sentimientos opuestos.

El fin de la guerra de banderas, consecuentemente, queda condicionado a la recuperación de la normalidad política de las naciones subordinadas. La dignidad nacional de los vecinos de Leitza no va a consentir que nadie, y menos un alcalde euskaldun, ceda a las presiones españolas y retire de la casa consistorial precisamente la bandera que debería ondear más alto de todas: la bandera nacional de Euskal Herria. Patxi Sáenz, alcalde de Leitza, no debería invocar al fantasma del miedo insinuando que el gobierno municipal podría caer en manos de UPN, ya que alguien podría pensar que ama más la alcaldía que los derechos de su país.

En Catalunya se viven constantemente situaciones similares y su desenlace siempre está en función del código ético que rige en cada municipio. Ramon Llumà, ex-alcalde de Solsona, se hizo famoso por su negativa a colgar la bandera española en el Ayuntamiento. Cuando las autoridades españolas le instaban a ponerla, su respuesta era siempre la misma: "Está en la tintorería". Más recientemente, la alcaldesa de Ripoll, Teresa Jordà, se ha negado a colgar la bandera de España en el consistorio desobedeciendo los requerimientos del Tribunal Superior de Justicia con esta respuesta: "La bandera de Catalunya y la de Ripoll son las dos únicas banderas con las cuales se identifican los ciudadanos".

No se entiende que Patxi Sáenz, desoyendo la opinión de sus vecinos, prefiera convertirse en cómplice indirecto de la legalidad injusta que sataniza la ikurriña en Nafarroa. El alcalde de Leitza debería saber que la desobediencia cívica ante la ignominia es el arma más poderosa con que cuenta un demócrata lo bastante sabio para no caer en la compleja trampa de la violencia.

Berria , 17/5/2005 (euskara)
Nabarralde
, 18/5/2005 (español)
victoralexandre.cat , 21/12/2006 (catalán,
euskara, español)
 
La caza de abertzales Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dimecres, 30 març 2005
Aukera GuztiakEs realmente escandaloso lo que está sucediendo con Aukera Guztiak. Hay que remontarse a la virulenta campaña anticomunista del senador McCarthy –la famosa caza de brujas-, en los años 40 y 50, en Estados Unidos, para encontrar un ejemplo semejante de persecución de las ideas en el seno de un régimen democrático. También es escandalosa la criminalización de la conciencia nacional vasca y de aquellos que de acuerdo con ella votan a favor de los derechos nacionales de Euskal Herria. El acoso moral y psicológico contra todo lo que es abertzale o susceptible de serlo debería hacer reflexionar a aquellos vascos que se suman de buena fe a las tesis nacionalistas españolas exigiendo a Batasuna que renuncie a sus convicciones políticas y que acate una ley inexistente.
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Deporte y simbología nacional Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dijous, 25 novembre 2004
Seleccions CatalanesEl 26 de noviembre, en Fresno, Estados Unidos, se llevará a cabo la votación que debe decidir el ingreso de Cataluña en la Federación Internacional de Patinaje (FIRS). Si el resultado es satisfactorio se habrá producido uno de los avances más espectaculares en el largo proceso hacia la recuperación de los derechos nacionales de Cataluña. Esta afirmación, no hay duda, puede parecer una boutade. Cuesta creer que el reconocimiento de una simple federación deportiva constituya un logro mayor que el ejercicio del poder en materia de sanidad, enseñanza, cultura, policía propia, etc. Sin embargo, es evidente que ese marco competencial está muy por debajo del poder real de una nación de pleno derecho. No hay que olvidar que la configuración del Estado español en comunidades autónomas no es fruto de una evolución política sino de la necesidad de adaptación de ese Estado a una realidad que no comprende. Es, pues, para frenar la personalidad jurídica de las naciones catalana y vasca en el seno de la comunidad internacional que se articula el llamado Estado de las Autonomías. Y es también con esa intención que España transige en la diferenciación entre nacionalidades y regiones. Prueba de ello es la progresiva equiparación de las regiones a los atributos competenciales de las nacionalidades. Si el término nacionalidad sirve para ocultar la nación (Países Catalanes y Euskal Herria), el término solidaridad oculta el expolio y la subordinación de esos dos pueblos al orden hegemónico español.
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290 años después, siguen intentándolo Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dimarts, 05 octubre 2004
Països CatalansLos intentos de trocear la lengua catalana por parte española no son nuevos. Puede que con el gobierno del Partido Popular adquirieran mayor virulencia en estos últimos años, pero constituyen un ataque recurrente cuyo origen se remonta a la Instrucción Secreta que el fiscal del Consejo de Castilla, don José Rodrigo Villalpando, transmitió a los corregidores de Cataluña el 29 de enero de 1716. La derrota de la nación catalana, en 1714, ante las tropas de Felipe V tuvo, como sabemos, gravísimas consecuencias. No sólo significó el fin de las libertades y de la soberanía política de Cataluña, también supuso la persecución implacable de su identidad, de su lengua y de su cultura. Una identidad, lengua y cultura que, 290 años después, continúan siendo satanizadas sistemáticamente cada vez que un hecho puntual las lleva algo más allá de la reserva folklórica en la que España las ha confinado.

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El caso Carod Los detalles de la entrevista con ETA y sus consecuencias Imprimeix Correu-e
Libros
per Víctor Alexandre   
dimecres, 01 setembre 2004
El caso CarodUn domingo de enero de 2004, ETA se reunió con Josep-Lluís Carod-Rovira en los alrededores de Perpiñán. Unos días después, el 26 de enero, el encuentro salió a la luz a través de los titulares de un periódico. Los siguientes 50 días, hasta el 15 de marzo, no sólo permanecerán grabados para siempre en la memoria del ex conseller en cap, sino que han quedado marcados a fuego en la historia de Cataluña.

El caso Carod revela los detalles de su entrevista con ETA y nos ofrece la crónica de los movimientos de Josep-Lluís Carod-Rovira durante esos días. Narra los requisitos previos a la reunión, el viaje del ex conseller en cap a los alrededores de Perpiñán, el desarrollo de la entrevista, lo que se dijo, lo que se comió, lo que se decidió...

Pero, sobre todo, en El caso Carod, Víctor Alexandre analiza las consecuencias políticas y las reacciones de los medios de comunicación, así como las declaraciones de dirigentes catalanes, vascos y españoles, y también las maniobras que se tramaron en una siniestra alianza de intereses políticos y mediáticos. Porque, aunque el paso del tiempo acabe poniendo las cosas en el sitio que les corresponde, la denuncia de la manipulación no puede quedar silenciada y la defensa de la verdad tiene que ser, en periodismo, el objetivo final.

Dado que fue el mismo Víctor Alexandre quien tradujo unos meses más tarde el libro al español, esta versión contiene informaciones y consideraciones nuevas del autor que no se encuentran en la versión original catalana.

Viena Edicions, 2004 · Colección "Carta Blanca" · ISBN: 84-8330-293-4
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Versión original catalana: El cas Carod. 50 dies de linxament polític d'una nació.
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"No me hable usted en su lengua, que me ofende" Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
divendres, 02 juliol 2004
Parlament Europeu“Si un diputado vasco habla en euskera en los debates, ¿qué debate habrá?”, se preguntaba Eduardo Zaplana, portavoz del grupo popular en el Congreso español. “El sentido común nos dice”, insistía, “que si todos hablamos una lengua, que es la que nos une, se debe utilizar esa lengua”. Zaplana, claro, se refería a la decisión de los diputados y senadores de Esquerra Republicana de hablar en catalán en sus intervenciones en el Congreso y en el Senado. El problema es que el señor Zaplana habla desde el sentido común español, que es una versión apócrifa del auténtico sentido común. Basta con cambiar el escenario y el sujeto para desmontar su argumentación: ¿En qué lengua hablan los diputados de la Unión en el Parlamento europeo, empezando por Jaime Mayor Oreja y José/Josep Borrell? ¿Por qué motivo, teniendo el inglés como idioma común, los diputados europeos no lo utilizan en los debates? La razón es muy sencilla: porque una cosa es la lengua de comunicación personal entre ellos y otra muy distinta la justa representación de todas las lenguas de la Unión en las reuniones oficiales. Quiero decir que independientemente de la lengua en que se comuniquen un alemán y un italiano en los pasillos de la cámara, será en alemán y en italiano, respectivamente, que se hablarán desde el escaño.
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El declive del regionalismo catalán Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
diumenge, 14 març 2004
El declive del regionalismo catalánEn los Países Catalanes hay gente que se hace a menudo estas preguntas: “¿Cómo es posible que seamos la única comunidad lingüística de Europa con más de siete millones de hablantes que no ha sido capaz de constituirse en nación independiente? ¿Cómo es posible que después de tres siglos de sometimiento a otro país no hayamos desarrollado un movimiento de emancipación nacional?”. Si lo pensamos bien, la sola formulación de estas preguntas ya debería avergonzarnos. Para impedirlo, sin embargo, para evitar enfrentarnos con nuestras propias contradicciones, Convergència i Unió elaboró, cuando gobernaba, una respuesta tranquilizadora: “Somos los que estamos mejor de los que están peor.” Quería decir: “Somos la nación sin Estado más importante de Europa, somos la nación sin Estado mejor situada geográficamente, somos la nación sin Estado con la lengua más hablada...” Con frases como éstas, CiU ha adormecido Cataluña por espacio de un cuarto de siglo. Y así habríamos llegado al 2030 si el pasado 16 de noviembre la sociedad catalana no se hubiese despertado restándole diez escaños y propiciando el aumento espectacular de Esquerra Republicana.
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Carod-Rovira, delito de catalanidad Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
dimarts, 03 febrer 2004
Carod-Rovira, delicte de catalanitatEn unas declaraciones al periódico El Mundo, Albert Boadella comparaba Josep-Lluís Carod-Rovira con Adolf Hitler. Son palabras ignominiosas, ciertamente. Aun así, no han tenido en Cataluña la respuesta que buscaban. De hecho, no han tenido ninguna respuesta. Y no tan sólo porque no ofende quien quiere, sino porque este tipo de calumnias no acostumbran a encontrar un buen campo de cultivo en Cataluña. La calumnia es el refugio de los cobardes y en toda cobardía hay un substrato de mediocridad. El mediocre necesita de la injuria, de la ignominia, para llamar la atención que el mundo le niega, por eso entre la palabra y el mordisco siempre opta por el segundo. Si lo menciono es para que tomemos conciencia de que la situación en los países catalanes es de alarma nacional. La escandalosa política de substitución de la lengua catalana que el Partido Popular está llevando a cabo en el País Valenciano y en Baleares es una prueba de ello. Pero también lo es el intento de linchamiento de Carod-Rovira.
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El cierre de la libertad Imprimeix Correu-e
Artículos
per Víctor Alexandre   
divendres, 28 febrer 2003
EgunkariaEl cierre de Egunkaria es un hecho de extrema gravedad. Es uno de los más graves atentados a las libertades ocurridos en Europa en los últimos 60 años. Nunca, desde entonces, ningún gobierno había tenido la osadía de cerrar un periódico, por alejado que pudiera estar de su ideología. Sólo hay un precedente: el cierre de "Egin", en 1998. Ambos hechos, como sabemos, están políticamente emparentados. Lo están por escenario el País Vasco, por filosofía totalitaria la de la Audiencia Nacional y por prepotencia gubernamental la del Partido Popular. Sólo bajo regímenes totalitarios las personas son culpables mientras no se de- muestre lo contrario. Bajo el régimen de Franco, vascos y catalanes éramos culpables por el simple hecho de ser vascos y catalanes; bajo el régimen del PP, su hijo ideológico, la culpabilidad se mantiene.

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Yo no soy español Imprimeix Correu-e
Libros
per Víctor Alexandre   
dimecres, 01 setembre 1999
Yo no soy españolUn modo de afirmar "quien soy" es proclamar sin complejos "quien no soy". Bajo el título Yo no soy español, Víctor Alexandre plasma veinte conversaciones sobre cuestiones relacionadas con la identidad de los catalanes. Ha dialogado con personas procedentes de diversos ámbitos: de la televisión, de la literatura, de la música, del periodismo, de la religión, del deporte... El resultado es un libro ágil, contundente y de una franqueza insólita.

"Este libro es importante y merece la pena someterlo a lectura por dos razones principales: ha obtenido un éxito fulgurante en Cataluña, donde permanece a la cabeza de los más vendidos, y expresa el punto de vista de una parte de la opinión catalana."
Javier Tusell, "Babelia", El País, 11/12/1999

Víctor Alexandre dialoga con:
Salvador Cardús, Eliseu Climent, Alfons Quintà, Antoni Deig, J.M. Solé i Sabaté, Enric Masip, Alfred Rodríguez Picó, Joel Joan, Francesc Bellmunt, Lluís Llach, Maria Antònia Oliver, Toni Soler, Lluís Gavaldà, Núria Cadenas, Isabel-Clara Simó, Avel·lí Artís-Gener (Tísner), Joan Rendé, Narcís Comadira, Oriol Bohigas y Joan Brossa.

Prólogo de Til Stegmann, catedrático de Filología Románica de la Universidad de Frankfurt.

Dèria Editors, 2003 · ISBN: 84-95400-18-9
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Versión original catalana: Jo no sóc espanyol

Entrevistas:
 
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